Las 7 palabras de ayer y de hoy

Actualizado: abr 3

Por: Neptalí Díaz Villán

Magister en Educación con línea en Derechos Humanos y Educación.

Licenciado en Teología y en Filosofía y Educación Religiosa


Toda la vida del Maestro de Nazareth es de una riqueza inagotable. Sus últimas palabras son un tesoro maravilloso que nos ayuda a pensar, a reflexionar, a mirar nuestra realidad humana, nuestro interior y nuestro contexto social, a encontrarnos con nosotros mismos y con la presencia del Dios que nos ama.


Aprovecho la figura de las 7 palabras de Jesús, para ver algunas realidades, algunos gritos de los crucificados, a identificar a algunos de los crucificados, así como a algunos de los crucificadores. Porque hoy como hoy existen crucificados y crucificadores.


En la RAE está la palabra crucificado, pero no la palabra crucificador, como si los crucificados se hubieran subido ellos mismos a la cruz, por deporte o por autocastigo.


Les invito a ver a algunos crucificados de nuestro pueblo, a percibir sus palabras, sus reclamos, sus gritos, su dolor y a descubrir también a los crucificadores, para que cada día sea más imposible que unos impongan cruces sobre otros, para hacer posible desde lo pequeño el reino por el cual Jesús dio su propia vida: el reino de la justicia.


Primera Palabra: perdónalos, porque no saben lo que hacen (Feminicidios)


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“Conducían con él a otros dos malhechores para ejecutarlos. Cuando llegaron al lugar llamado La Calavera, los crucificaron a él y a los malhechores: uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús dijo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23,32-34).

El perdón es la manifestación más patente de que su alma, su mente, su corazón no se había dejado contaminar. Que el odio, el resentimiento, los deseos de venganza y tantas realidades que destruyen nuestra humanidad no pudieron anidarse y crecer en su interior. El perdón muestra su libertad interior y la limpieza de su corazón: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. (Mt 5,8). Es necesario perdonar, sin que ello signifique complicidad con la injusticia.


Es un poco complejo afirmar que los verdugos no sabían lo que hacían, podría emplearse como una excusa para evitar un castigo ejemplar y necesario. Podría emplearse para justificar que era normal condenar a quien desafiaba el sistema como para algunos les es normal quitarle la vida a una mujer que no les obedece. Realmente quienes mataron a Jesús los feminicidas, ¿no saben lo que hacen? Léelo completo aquí


Segunda Palabra: hoy estarás conmigo en el paraíso (El paraíso de la corrupción)


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Uno de los malhechores que estaban crucificados con Jesús lo insultaba: ‘¿No eres tú el Mesías? ¡Sálvate a ti mismo y también a nosotros!’ Pero el otro lo reprendió diciendo: ‘¿No temes a Dios tú, que estás en el mismo suplicio? Nosotros lo hemos merecido y pagamos por lo que hemos hecho, pero éste no ha hecho nada malo’. Y añadió: ‘Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino’. Jesús le respondió: ‘En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.’” (Lc 23,35-43).

A nosotros nos es difícil imaginar aquella escena de dolor. Con seguridad durante nuestra vida hemos visto representaciones en vivo, películas, vía crucis, obras de arte, pero todas ellas generalmente con un filtro de respeto y piedad. Pero esta escena original no tenía el realismo mágico de García Márquez, el misticismo de fray Angélico, ni la belleza inmóvil de Velásquez. Allí no había otra cosa que un brutal realismo de carnicería, sangre y gritos.

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Tercera Palabra: Madre, he ahí a tu hijo; hijo, he ahí a tu madre (Falsos positivos, ejecuciones extrajudiciales)


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“De pie junto a la cruz de Jesús estaban María su madre, la hermana de la madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto amaba, dice a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego dice al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. (Jn 19,25-27).

Es duro para una madre que su hijo termine en malos pasos, se meta en las drogas, en la delincuencia, en las pandillas, que termine preso o muerto en algún tiroteo.


María de Nazareth sabía que su hijo era algo extraño, sospechaba que estaba loco porque quería construir un reino muy diferente a los reinados de Herodes, de Pilatos, de Anás y de Caifás, e incluso diferente al de Augusto y Tiberio emperadores romanos, considerados dioses. Léelo completo aquí.


Cuarta Palabra: ¿Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Abuso de menores)


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“Los que pasaban lo insultaban moviendo la cabeza y decían: El que derriba el santuario y lo reconstruye en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz. A su vez, los sumos sacerdotes burlándose entre sí comentaban con los letrados: Ha salvado a otros pero a sí mismo no se puede salvar. El Mesías, el Rey de Israel, baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos. Y también lo insultaban los que estaban crucificados con él. Al medio día se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde. A esa hora Jesús gritó con voz potente: Eloi eloi lema sabaktani, que significa: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” (Mc 15-29-34/ Mt 27-39-46).

Llegado el medio día, la oscuridad cubrió todo el país hasta las tres de la tarde.” (Mt 27-45). Con este signo los evangelistas representan la situación extremadamente dura por la cual pasaba Jesús. Tachado de blasfemo, embaucador, mentiroso y desestabilizador de la nación entera, y condenado a muerte. Testigo impotente de la forma como las tinieblas se apoderaban de todo su ser. Y, ¿dónde estaba Dios, su Padre? Nadie respondía, sólo escuchaba las injurias y las burlas que lo llevaban cada vez más al abismo. Fue entonces cuando experimentó la última de sus tentaciones, gran tentación: la desesperanza. Léelo completo aquí.


Quinta Palabra: Tengo sed (Deforestación y maltrato a la Madre Tierra)


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“Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, dijo: ‘tengo sed’, y con esto también se cumplió la escritura. Había allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una caña una esponja empapada de aquella bebida y la acercaron a sus labios” (Jn 19,28-29).

Podríamos ver el Crucificado simplemente con ojos de piedad y afirmar con dolor: “¡Cómo aquel que es el agua viva, sufre por la sed!” Es más, podríamos quedarnos en la acostumbrada interpretación del chivo expiatorio y decir que murió por ti y por mí, por los pecados, los tuyos y los míos. Que tiene sed de almas puras y que de nuevo es crucificado y sufre más sed cada vez que pecamos. El arte religioso de occidente está lleno de estas figuras crueles adornadas con un halo de santidad y cierta dosis de resignación fatalista que desfiguran el sentido de la cruz de Jesús y su Causa. Léelo completo aquí.


Sexta Palabra: Todo está cumplido (asesinato de líderes sociales)


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Jesús colgaba del madero y en el mundo continuaban los problemas, el hambre, la injusticia, la corrupción, la mentira y todas las realidades que dañan la vida. Pero Él había cumplido su misión. Había hecho lo que tenía que hacer. No le puso fin a la historia humana, por el contrario, le abrió nuevos caminos, nuevas perspectivas, nuevos retos y nuevas formas de comunicarse con la trascendencia. Nunca nadie podrá decir que con Él empieza la historia y con Él termina.


Nos corresponde, sencillamente, poner nuestro grano de arena en esta gran construcción. Nos corresponde cumplir la misión y decir como Jesús y como los mártires líderes sociales asesinados por este sistema de poder: yo ya he cumplido con mi misión, ahora les toca a ustedes. Por eso, esta palabra es, a su vez, un grito que ha de estremecer nuestra vida y cuestionar nuestro ser y quehacer. Como padres, como hijos, como ciudadanos, como seres humanos, como seguidores de Jesús, ¿estamos cumpliendo nuestra misión? ¿Estamos haciendo parte de esa nueva creación inaugurada por Él? Léelo completo aquí.


Séptima Palabra: Padre: en tus manos encomiendo mi espíritu (¿en manos de quién estamos y de quién seguimos?)


“Era alrededor del medio día; se ocultó el sol y todo el territorio quedó en tinieblas hasta media tarde. El velo del santuario se rasgó por el medio. Jesús gritó con voz potente: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Dicho esto, expiró. Al ver lo que sucedía, el centurión glorificó a Dios diciendo: Realmente es hombre era inocente.” (Lc 23,44-47)

El sol se ocultó y todo el país quedó en tinieblas… todo estaba perdido, todo había sido un rotundo fracaso. Se patentiza la consolidación del poderío romano y la complicidad traicionera de sus paisanos. Las estructuras injustas que había denunciado seguían intactas. Todo aquel que se atreviera a cuestionar y a proponer algo diferente era atrapado por las garras del águila imperial, una aventura sin escape.

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Oración

Oh, Dios Padre y Madre, fuente de vida, de verdad y de amor, origen y meta de nuestra vida. Nos acogemos en tu regazo maternal y paternal, para recibir consuelo y ayuda. Nos refugiamos en Ti y nos llenamos de tu gracia divina. No permitas que nuestra tierra que la vida sea manipulada por las manos perversas que amenazan con llevarla a la desgracia, a la frustración, a la infelicidad. Nos ponemos en tus manos, queremos escuchar tu voz y seguir tu inspiración divina. Queremos trabajar unidos y protegidos por tus grandes manos y ser conducidos por ellas hacia la plenitud. Amén.


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