Quinta Palabra: Tengo sed (Deforestación y maltrado a la Madre Tierra)

“Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, dijo: ‘tengo sed’, y con esto también se cumplió la escritura. Había allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una caña una esponja empapada de aquella bebida y la acercaron a sus labios” (Jn 19,28-29).

Podríamos ver el Crucificado simplemente con ojos de piedad y afirmar con dolor: “¡Cómo aquel que es el agua viva, sufre por la sed!” Es más, podríamos quedarnos en la acostumbrada interpretación del chivo expiatorio y decir que murió por ti y por mí, por los pecados, los tuyos y los míos. Que tiene sed de almas puras y que de nuevo es crucificado y sufre más sed cada vez que pecamos. El arte religioso de occidente está lleno de estas figuras crueles adornadas con un halo de santidad y cierta dosis de resignación fatalista que desfiguran el sentido de la cruz de Jesús y su Causa.


Recordemos que quien colgaba del madero no era un fantasma, era un ser humano en toda su dimensión y en Él estaban y están representados tantos seres humanos con graves necesidades insatisfechas que denigran su dignidad. Y, como hace dos mil años, también detrás de esos seres humanos que hoy cuelgan de las cruces de nuestros Gólgotas hay todo un sistema organizativo responsable de tales crímenes justificados.


Les invito a identificar muy bien a estas realidades de hoy. Hagamos el esfuerzo de abrir nuestros ojos un poco más y ver más allá del telón y descubrir este horroroso espectáculo con todos sus protagonistas.


La Amazonía y la Orinoquía arden; millones de hectáreas han sido y siguen siendo deforestadas, para sembrar palma de aceite o sembrar pasto para los ganados de grandes e impunes empresarios. Como están en el poder para ellos no hay ley ni poder que los detenga, no ha habido y no vendrá si seguimos con esta criminal actitud de ser indiferentes o cómplices de las políticas de muerte. La Guajira sufre porque su río principal ha sido desviado sin importar la flora y la fauna, ni los indígenas que allí sobreviven o mueren de hambre y de sed, en medio de La nueva Hojarasca, lo único que queda para ellos. Esto por mencionar algunos casos grandes, pero el despojo de la tierra va desde lo pequeño a lo grande. Aquel que tumba bosque para sembrar papa, pasto o plátano, o para transformarlo en carbón y venderlo a los turistas, hasta aquellos que tienen grandes y poderosos intereses en la construcción.


Según el periódico El Tiempo (2 de oct de 2020), solo entre enero y marzo de 2020 se deforestaron 64 mil hectáreas en todo el país, a un ritmo de más de 700 hectáreas deforestadas por día. En esto hay personas e instituciones que obedecen a poderosos intereses, autorizan la deforestación o se hacen los que no ven.


Parecería increíble que uno de los países privilegiados geográficamente, con abundancia de bosques, de montañas, de ríos, esté acabando con su riqueza todo en aras de favorecer intereses egoístas, grandes o pequeños, para agrandar las arcas de multinacionales, de nacionales o extranjeros o para sobrevivir sin pensar en el futuro: pan para hoy, hambre y sobre todo sed para mañana.


Crucificados: la madre tierra, la biodiversidad, los empobrecidos que sufren la sed y la escasez.

Crucificadores: aquellos que deforestan nuestros bosques, secan lagunas, ciénagas y humedales, desvían y canalizan ríos pensando sólo en sus bolsillos.


¿Cómo podríamos evitar la sed de los crucificados de hoy, de la fauna, de la flora, de nuestras regiones que sufren por la sed insaciable de lucro, de poder y de dominio?