El “Bembé” con sabor a salsa

Cuando la salsa retumba en el “Bembé de Alonso” las penas se olvidan recordando el pasado.


Por: Ángela Pertuz


La palabra “bembé” hace referencia a la fiesta y el “vacile”, y cobra de manera excepcional su valor cuando en toda la calle 38 de manera involuntaria al compás de las notas musicales, parte por parte del cuerpo empieza a moverse.


Primero sufre un cambio tu camina’o; experimentas como la elegancia se apodera de ti. Tu pecho erguido vibra con leves movimientos propiciados por los hombros; pues las melodías de clásicos salseros hacen que también, de manera casi imperceptible tu lengua empiece a tararear.


Cuando sin darte cuenta eres guiado por tu oído, aquel que se conecta con el vibrar de tu corazón, y como por arte de magia apareces en el "El Bembé de Alonso".


En pleno bordillo, un cubículo lleno de acetatos se convierte en uno de los máximos exponentes de la música salsera, pues es ahí, donde decenas de coleccionistas se dan cita para volver a la época dorada de la salsa.


Su administrador, Hernán Alonso Jiménez Villamil, es conocido en el mundo salsero como Bembé, quizá por cuestiones de sabor a la hora de elegir la mejor de la música y su historia entorno a esta, “Mi amor por la salsa inicia en el año 87 en Discolandia, donde ingresé a trabajar como oficios varios; allí me tocaba hacer los mandados, hacer aseo, limpiar los LP, las consolas”, expresa Bembé.


Al ver las caratulas donde aparecen las fotos de los grandes artistas de la salsa brava, escuchando su música y los comentarios sobre cada una de ellas hizo que se convirtiera en un apasionado por la música y un aficionado empedernido.


Tanto, que mucho tiempo después decidió realizar el emprendimiento el “Bembé de Alonso” espacio en el que se dan cita lo mayores coleccionistas de la ciudad de Barranquilla.


Pues existía la necesidad de tener un espacio en el que disfrutaran de su música, y con él, hacer sanas competiciones y definir, quien entre ellos tenían los mejores acetatos.


Hace más de tres décadas empezó con un viejo tocadiscos y un par de altavoces y hoy tiene un equipo de tocadiscos con parlantes de alta calidad, que resuenan cada fin de semana inundando de alegría las calles del Centro Histórico.


El día más importa es el sábado, cuando el reloj da las 3 de la tarde aproximadamente 15 coleccionistas hacen que un circulo del acetato se convierta en la espiral que con el pasar de los minutos los ayuda olvidar los pesares de una rutina que carcome el ser.


A veces, acompañado de una buena bebida refrescante y otras con la simple música, las tarde en la caseta del “Bembé de Alonso” resultan amañadoras.