El rostro macondeano de hoy

A 6 años de su partida, Gabriel Garcia Márquez se repita en el aire

Por: Ángela Pertuz Es indiscutible que en cada línea escrita por Gabriel Garcia Márquez, en su novelas y cuentos, está descrita la región Caribe desde sus paisajes hasta la esencia propia de sus habitantes.

Es está, un espejo con tintes mágicos que muestran la realidad, pues, es inevitable caminar las calles de un pueblo cualquiera y no trasladarse a sus escritos o simplemente ver, en cada acera la idiosincrasia propia de sus personajes retratados en el ser del común. El ver pasar tardes en el Caribe, es evocarla en los ocasos que transcurrían en el cuento "La siesta del Martes" con el sol en su máximo punto, mientras caen las hojas de los árboles.

Calles de Getsemaní- Cartagena // Fotografía: Ángela Pertuz

Apropósito de "Cien años de Soledad", en cada hogar hay una Úrsula Iguaran, una mujer aferrada al ideal de familia, luchadora y persistente; la sabrás reconocer, puede ser tu mamá o tu abuela.

Cocinera del municipio de Luruaco - Atlántico // Fotografía Ángela Pertuz

Así como José Arcadio Buendía, un hombre visionario, que no escatimó esfuerzo para apostarle a las empresas en las que él solo creía.

Vendedor del mercado de Barranquilla // Fotografía Ángela Pertuz Leer "El amor en los tiempos del Cólera , no significa volver a la historia y ubicarnos en aquella época en dónde Florentino Ariza y Fermina Daza son víctimas de una amor contrariado, es más, verse así mismo atrapado en la vaga ilusión del primer amor. El olor almendro seco es la señal que evoca en cada uno el recuerdo de las mariposas revoloteando en el estómago por lo inquietante que resulta el amor a temprana edad. El amor en los tiempos del Cólera, son las cartas del primer y el vil reflejo de una lucha social; en la que apropósito puede ser víctima cualquier persona. Quizá, en tiempos de crisis Gabriel Garcia Márquez, tras 6 años de su partida está más presente que nunca. Hoy el país está lleno de Coreneles esperando a que les escriban.

Personas del común una tarde cualquiera en el Centro Histórico de Barranquilla. // Fotografía Ángela Pertuz