"No es un buen momento": opiniones divididas sobre regreso a la presencialidad educativa total

REGIÓN CARIBE ORG consultó a directivos, docentes, estudiantes y padres barranquilleros. Mientras que varios desconfían de la preparación de los centros educativos para afrontar el regreso masivo de los estudiantes, otros celebran la disposición emitida por el Gobierno. Aquí están sus razones.



Tras un 2020 de educación virtual y un 2021 en que predominó la alternancia, a partir de finales de este mes las instituciones educativas del país regresarán a la presencialidad plena, según la disposición del Gobierno Nacional.


En Barranquilla, dicho regreso está programado para el 31 de enero; para esa fecha, se estima que 190 mil alumnos estarán ocupando nuevamente los salones de sus respectivas academias. El retorno será total y sin restricciones de aforo. Ante esto, directivos, profesores, estudiantes y padres de familia de la ciudad se pronunciaron: algunos en desacuerdo; otros, en apoyo a la decisión.



Hablan los directivos y los docentes


Luz Mery Vega, rectora de la I. E. D. Manuel Zapata Olivella, es una de las directivas académicas que no creen oportuno retornar a la presencialidad en las circunstancias actuales. Vacunación inacabada y condiciones deficientes de las aulas son algunos de sus reparos.


“En primera medida, hay una población de niños, niñas y jóvenes que no se han vacunado todavía por cuestiones personales y familiares; el Gobierno no ha dictaminado qué hacer en estos casos. Además, hay que considerar la situación de colegios como el nuestro, cuyos espacios son bastante angostos y facilitarían los contagios entre los niños. En realidad, no es un buen momento: el avance de la variante ómicron debería ser una razón suficiente para cambiar la estrategia de presencialidad total por una intermitente, es decir, que no todos los estudiantes vayan al mismo tiempo”, propone.


Un profesor de una institución educativa pública, que pidió la reserva de su identidad, coincide con Vega y enumera los problemas sanitarios que presenció el año pasado durante el ejercicio de su docencia.


“Las condiciones de los baños no garantizan el lavado de manos constante. A la entrada de los salones hay unos dispensadores de gel antibacterial, pero nunca los vi cargados. Fuera de eso, hay salones que no tienen aire acondicionado ni abanicos. Admito, como punto positivo, que se adaptó una enfermería; sin embargo, no vi a una persona que estuviera encargada de ella durante toda la jornada. Por todo esto, creo que lo más conveniente es mantener el formato de alternancia”, sostiene el académico.

Fuera de eso, el profesor asevera que la mejor estrategia que se puede implementar en este sentido es, en últimas, la "destinación sincera de los dineros dispuestos para el mejoramiento de las condiciones escolares. Veamos lo que pasó con la ministra de las TIC. Se perdieron los 70 mil millones".


Docentes como Jubeis Díaz, de la I. E. D. Salvador Entregas, ven con mejores ojos la disposición del Gobierno, pero, al igual que sus colegas, se pregunta por las condiciones en que se dará el regreso. “Estoy de acuerdo siempre y cuando los profesores y estudiantes tengan el esquema completo de vacunación y estén dadas las condiciones en el sentido de ventilación, dotación de tapabocas, alcohol y todo el material sanitario”, advierte.


El hecho de que pongan el foco sobre las deficiencias que deben ser aliviadas antes del retorno a los salones no indica, sin embargo, que desatiendan las virtudes de la presencialidad educativa. Todo lo contrario.


“El proceso educativo a nivel presencial es de gran beneficio para el desarrollo integral de los estudiantes y para el trabajo mismo de interacción entre el colegio y los padres. Es un proceso irremplazable”, manifiesta Luz Mery Vega.


Jubeis Díaz, que es licenciada en Lengua Española y Literatura, hace mientras tanto énfasis en las ventajas laterales de la modalidad presencial, sobre todo para los estudiantes de bajos recursos. Afirma:


“Al volver a las plantas físicas, estos niños tienen el beneficio de la asistencia alimentaria y de la seguridad (en el caso de los hogares pobres, con presencia de violencia intrafamiliar). Y, hablando estrictamente de lo académico, la presencialidad estimula y propicia mejores aprendizajes”.


Los estudiantes se pronuncian


Los alumnos son, sin duda, los agentes centrales de la disposición. Gran parte de las discusiones alrededor del retorno tienen como objeto último el mejoramiento de la calidad de la educación que estos reciben sin que, precisamente, el vehículo de dicha mejoría vaya en detrimento de su salud, tanto mental como física.


Varios de ellos parecen estar de acuerdo en la necesidad del retorno a la presencialidad, pero al mismo tiempo esgrimen sus condiciones.

Sammy Navarro, próximo estudiante de noveno semestre de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Autónoma del Caribe, dice no apoyar totalmente la disposición del Gobierno “en vista de que hay una nueva variante. Al no haber límite de aforo existe una probabilidad mayor de contagio. La vuelta es necesaria, pero no todos los días y con aforo limitado”.


Adriana Julio, estudiante de quinto semestre de Sociología de la Universidad del Atlántico, conviene en la pertinencia de volver, pero matiza su apoyo a la medida. “Estoy de acuerdo en tanto haya las disposiciones necesarias para que la asistencia no sea problemática. Esto incluye que las instalaciones universitarias cumplan con las medidas: agua potable, limpieza, desinfección, etcétera”, opina.


Sobre las complicaciones del retorno pleno a las aulas, la estudiante universitaria considera que “sin duda será difícil puesto que las condiciones de gran parte del cuerpo estudiantil cambiaron debido a la pandemia: muchos iniciaron trabajos que antes no tenían para el sostenimiento del hogar o propio; aparte, el transporte masivo (específicamente Transmetro) ha decaído en funcionamiento, sin ahondar en el impacto sobre el entorno social que ha causado la pandemia”.


Navarro, por su lado, toma con menos gravedad la noticia. “Será difícil porque ya uno está acostumbrado a dar clases desde casa, pero considero que solo será complicado al comienzo; después lo tomaría con normalidad. Es cosa de costumbre”, asegura.


Preguntada acerca de las ventajas de la virtualidad, la socióloga en formación señala que la mayor ventaja era el tiempo y el dinero ahorrados.


“En mi caso, transportarse a la universidad implica 3 horas de movilización diaria, ida y vuelta. Por otro lado, está el ahorro en gastos de transporte y extras que vienen con el permanecer horas en clase. Extrañaré esas facilidades”.

Por otra parte, el futuro comunicador resalta la flexibilidad que caracterizó a la modalidad virtual, que dentro de poco perderá vigencia. “Por mi trabajo, no siempre podía asistir puntual a clases presenciales. Eso cambió en la virtualidad, porque incluso a veces me conectaba desde mi mismo lugar de trabajo”, confiesa.



Lo que dicen los padres


En el proceso de transición hacia la presencialidad educativa plena, los padres cumplen un rol crucial, entre otras razones porque son quienes autorizarán el regreso de sus hijos a sus respectivos centros de educación.


Sindy Ramos, madre de un estudiante de sexto de bachillerato, juzga necesario el retorno pronto de los niños a la sede física del colegio, sobre todo por el factor sicológico. “Pienso que ellos necesitan ese espacio para su desarrollo como seres sociales. Ya pasaron dos años en los que vivieron la parte virtual, pero siento que la falta de contacto los desconectó mucho. Apoyo que retomen su rutina, así como muchos adultos lo han estado haciendo”.


Por su lado, Carolina García, docente y madre de dos niños estudiantes de primaria, pone de relieve el aspecto educativo y recuerda las dificultades domésticas que aparecen en medio del retorno a la antigua normalidad. Manifiesta:


“Estoy de acuerdo porque he sido testigo de cómo el aprendizaje de mi hijo se ha visto afectado en gran medida por la no asistencia a clases regulares. Además de eso, muchos padres hemos tenido que regresar a nuestros trabajos presenciales y es difícil hacer el mismo seguimiento de las clases como cuando estábamos confinados”.


¿Cómo va la vacunación infantil en Barranquilla?


Fernando Ruiz, ministro de Salud, hizo público esta semana un informe de la vacunación contra el COVID-19 en niños de los 2 a 11 años. El departamento del Atlántico ocupa el primer lugar en cubrimiento, con 124.890 primeras dosis aplicadas, lo que significa que el 70% de dicha población tiene, al menos, una vacuna en su esquema.


En cuanto a la segunda dosis, el porcentaje es bastante más reducido: solo el 24.8% de los niños la ha recibido; esto indica que en total 44.090 niños entre los 3 y 11 años se han inmunizado en Barranquilla.