La magia del Caribe en un trago de vino

Dícese de la ‘Cata de vinos’: el arte de degustar los sabores, descifrar los olores y vivir en su esplendor el vino. Pero, qué pasa cuando se disfruta al lado de un chuzo de cerdo, unos patacones con queso o una butifarra bañada en limón.

Cata de vinos con sabor a Caribe. Foto: Rocio Cañon

El vino, así como el Caribe se lleva en el alma. Ambos son apasionados, intensos y provocan, alegría y tranquilidad. El Caribe, por ejemplo, es fuerte en su esencia, con sabores que se pasean del dulce al ácido en un solo bocado. Y el vino por su parte, tiene carácter e intensidad suscitando pasión en cada sorbo. Sino que lo diga Hans Peniche, un experto en el buen beber, amante del vino y quien lleva el Caribe colombiano, en el corazón.


Hans, con un gesto de propiedad, cultivado durante años de estudio y experiencia en el arte del buen beber le cuenta a Regioncaribe.org, que el vino es producido en territorios que tienen todas las estaciones climáticas y proviene de la Vid planta vivaz y trepadora de la familia de las vitáceas, con tronco retorcido, vástagos muy largos, flexibles y nudosos, que se produce en el hemisferio 50 sur y en el hemisferio 30 norte del planeta.


Cuando se le pregunta por aquello qué más ama del vino; en un acto de confesión, y mientras revisa de manera meticulosa las copas para la siguiente cata, expresa con el tono alto y alegre propio del hombre caribe: “¡Al vino lo amo más que… mejor dicho! Me amo a mi y después al vino. Porque siento que lo disfruto gota a gota. Copa a copa”, dice Hans.


Y añade, “Su esencia es la pasión, el vino enmarca amor en su máximo esplendor, porque evoca los mejores sentimientos, los mejores momentos y la mejor compañía”. En tono pensativo expresa: “el vino es como una compañía perfecta, esa que quieres, que te complementa, con quien disfrutas los momentos al estar a su lado - y finaliza - el vino siempre evoca un buen momento, una buena celebración y buenos recuerdos”.


La historia de Hans con el vino inició sin darse cuenta. El néctar de la vid le fue marcado un camino que empezaría bajo la costumbre de un hogar con lazos europeos. “Primero empecé como neófito, aprendiendo a tomar vino desde mi casa. Como mi papá tiene origen europeo siempre había vino en la casa. Luego en el ejercicio de cargos comerciales, presidía cenas acompañadas de un buen vino, y cuando ya formalmente, tuve la oportunidad de estudiar en Argentina, en Chile y Estados Unidos, me gradúe de la Wine School de Londres. Allí empieza mi carrera profesional” afirma con orgullo.



Pero, desde mucho antes su corazón se sincronizaba con las vueltas que se le da al vino en la copa, por aquello de querer sentir su olor en la punta de la nariz y posteriormente en la boca.


EL VINO Y LOS SABORES DEL CARIBE


Al preguntarle a este experto en vinos y licores ¿Cuál es ese vino que acompaña desde su frescura o imponencia los sabores del Caribe? Afirma: “Aquí en el Caribe tenemos comida con mucho sabor, mucho carácter y personalidad, y eso va muy bien con un vino de las mismas características. Por ejemplo, el patacón con queso es algo disruptivo, muy Caribe; ya que el plátano es el carbohidrato que adsorbe fácilmente los sabores, y por su parte el queso Caribe, que es salado va bien con algo de vino blanco.


Hans Peniche al referirse a los platos fuertes, anota que “los vinos que no son dulces, sino secos y semisecos acompañan muy bien nuestra comida Caribe. Los vinos blancos van muy bien con la comida del mar y los tintos con la comida salvaje, de tierra, que es muy de los sabores costeños, como el cerdo grasoso”.



Así explica Hans el complemento que el vino y el Caribe logran cuando se unen y con un gesto de satisfacción, como quien evoca sabores, afirma “…después de un trago de vino blanco, lo seco del patacón hace catarsis con el picante que deja en la lengua el vino, intensificando su sabor.


Finalmente, para descubrir esos sabores Caribe al lado de un buen vino, Hans recomienda ir probando vinos dulces, vinos blancos, vinos espumosos y tal vez de último los vinos tintos y en esa verticalidad de sabores descubrir su preferencia.







Fotos: Archivos Hans Peniche