Hoy celebran la Fiesta de la Virgen de Los Remedios en Riohacha

Como cada 2 de febrero, este miércoles los riohacheros exaltan a la Virgen que, durante la Colonia, los salvó del advenimiento de un maremoto y del asedio de los piratas.


En la época de la Colonia, según cuenta la leyenda, los Reyes Católicos de España les obsequiaron a Valledupar y Riohacha sendas imágenes: la Virgen de Los Remedios y la Virgen del Rosario. Si bien esta última era el regalo para Riohacha, fue imposible desembarcarla en la costa, por lo que, en su lugar, los encargados decidieron dejar la Virgen del Rosario en la capital de La Guajira.


El accidente trajo fortuna a la ciudad. Cuando, en un día aciago, sobre Riohacha se cernió un maremoto, los devotos sacaron la imagen en andas y la pasearon cerca de la orilla sumergida, donde su corona se cayó. Tras ese segundo accidente se consumó el milagro: tan pronto la corona tocó el mar, la tormenta cesó y las aguas retrocedieron.


En la Calle Primera de Riohacha hay un monumento que conmemora este suceso, que tuvo lugar en mayo, pero que se celebra el 2 de febrero por ser la fecha universal de la Virgen de La Candelaria.


La placa dice:


“El 14 de mayo de 1663, en este sitio nuestra señora la Virgen de Los Remedios dejó caer su corona, retirando al impetuoso mar que amenazaba destruir la ciudad”.

No fue la única vez que la Virgen habría salvado a este pueblo.


Se cuenta que, en otra ocasión, los piratas asediaron la costa de Riohacha, que era uno de los puertos más importantes de la época y adonde la pesca de perlas era una actividad tradicional. Se aproximaron, pues, los intrusos, pero desistieron de sus planes de asalto al ver la enorme procesión detrás de la figura santa, que había sido traída por la gente hasta la playa para invocar, por segunda vez, su protección.



Este año, festejos atípicos


En circunstancias normales, cada 2 de febrero llegan a Riohacha personalidades de la región para participar, junto con los lugareños, en una gran procesión alrededor de la Plaza Padilla. Sin embargo, este año, debido al aumento de contagios por COVID-19 en la región, este evento fue suspendido.


En su lugar, la Virgen será paseada por las calles de la ciudad para que los devotos reciban su bendición desde las terrazas.


Otros actos habituales se mantendrán, como la tradición de cenar en familia con arroz de camarón, pescado y friche o la entrega de cirios en las misas celebradas en las parroquias, que, aun así, tendrán control de aforo.