El mejor Carnaval de la historia

Definir cuál ha sido la mejor edición del Carnaval de Barranquilla es una cuestión que puede provocar discusiones tan largas e infructíferas como las que causaría la pregunta de cuál ha sido la mejor Copa del Mundo. No es para menos: el Carnaval urbano comenzó oficialmente en 1876: son más de cien versiones hasta la fecha. Para Jairo "el Pipa" Cáceres, sin embargo, la cuestión es menos problemática: está seguro de que el mejor Carnaval fue el del 2011.

El Pipa en La Guacherna // Foto tomada de la página de Facebook de Carnaval S.A

Por: Luis Ramos Palacín


El Pipa, que fue uno de los personajes invitados al 2° Festival Digital de la Herencia Africana, celebrado del 20 al 23 de mayo pasados, sostuvo la corona de rey Momo en 2011; en ese entonces compartió honores con la reina Marcela Dávila. La elección del Pipa fue remarcable por varios motivos, pero acaso el principal es que Cáceres fue el primer rey Momo afrodescendiente de la historia. Antes, en 1972, su hermana Nelly Cáceres ya había sido la primera reina palenquera de esta celebración. Para ese momento, el Pipa era un niño de 10 años.

A finales de 2010, Cáceres ya tenía 49 y trabajaba como vigilante en el Calzado Bucaramanga del Paseo Bolívar. Estaba ayudando a cargar unas cajas de zapatos que venían de Brasil cuando lo llamaron para darle la noticia. La designación lo tomó un poco por sorpresa, pues creía que su hermano mayor, el folclorista Abraham Cáceres, sería el primer rey Momo de la familia. Sus compañeros y su jefe se emocionaron tanto o más que él. Este último se lo llevó a su apartamento, se lo presentó a su familia y compró ron. Al final, le regaló 70 mil pesos para que regresara a su casa. Esa noche, el Pipa salió a la calle a agarrar un taxi, pero ninguno lo quiso llevar hasta el barrio La Manga, que es donde vive.

—¡Y eso que era el rey Momo! —se burla.

Le tocó caminar varias cuadras buscando transporte. Una vez llegó, la reina Marcela y su familia lo esperaban con trago y un grupo de millo. Con ellos celebró el resto de la noche. Pasaron algunos meses. El 26 febrero de 2011 le pusieron la corona. Como monarca del Carnaval, recuerda varias anécdotas que aún le dan risa, como cuando se subió a un taxi con dos de sus hermanos y el conductor empezó a decir que el rey Momo de aquel año era, evidentemente, “marica”, sin sospechar que lo tenía sentado en el asiento trasero.

El Pipa en La Guacherna // COLPRENSA

Hubo quienes, cegados por prejuicios racistas, criticaron que Carnaval S. A. lo hubiera elegido rey. Decían que, además de negro, no sabía hablar. Ese rechazo parcial, lejos de desanimarlo, redobló sus fuerzas y le infundió coraje. El Pipa cuenta que se gozó su reinado como ningún otro rey. Las mujeres lo veían más apuesto, sus conocidos le invitaban cervezas, los desconocidos le prodigaban atenciones. De todas partes le salieron parientes insospechados. “Llegaban negros al estadio y, como decían que eran primos míos, los tenían que dejar entrar”. Cuando se le pregunta por qué su Carnaval fue el mejor, contesta con esas mismas razones: "Porque toda la masa negra salió y sintió que el Carnaval era finalmente suyo. Sintieron que se le reconocía su herencia. Se sintieron los dueños. Se sintieron incluidos”. En efecto, resulta llamativo que el Carnaval, teniendo un sustrato africano tan vasto, hubiera coronado a su primer rey Momo afrodescendiente solo diez años atrás.

El Pipa Cáceres dice haber roto el protocolo y hacer cosas que los reyes Momo no acostumbraban hacer, como usar dashikis en lugar de disfraces, ayudar a los reyes infantiles o llevarse a las reinas populares a bailar en asentamientos palenqueros de la ciudad, como el barrio Nueva Colombia. También, a diferencia de otros reyes Momo, quienes solían aparecerse solos en los eventos a los que los convocaban, Cáceres se presentaba con su grupo de danza, Nacimiento de Palenque, en el que bailan sus diez hijos. Otra de sus revoluciones la constituye el haber introducido los lamentos en el mapalé.

“Si hoy en día el mapalé no arranca enseguida, sino que empieza con un lamento, es porque yo me lo inventé, ¿oíste?”.

Algunos dirán que, al sentenciar que el Carnaval 2011 fue el mejor de la historia, el Pipa demuestra un sesgo, ya que ese fue el año de su reinado. Lo cierto es que un rey Momo no solo tiene la licencia, sino incluso el deber de entregarse a los excesos, incluyendo el exceso de su autofavoritismo. Poder decir que su Carnaval fue mejor que todos los demás, ¿no hace también parte de sus facultades reales?

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