Álex de la Torre y la memoria de los objetos
Álex de la Torre construye un universo en el que lo familiar adquiere nuevos significados y elementos aparentemente insignificantes se convierten en puntos de partida para explorar otras realidades de la región Caribe colombiana.
Por: Sofía Uribe Londoño

En un rincón de Barranquilla, aquello que parece ordinario o que hace parte del paisaje cotidiano puede convertirse en protagonista. Un gabinete contra incendios y una nevera de bebidas heladas, objetos que suelen pasar inadvertidos entre el movimiento de la ciudad, ocupan un lugar central en la obra de Álex de la Torre, artista plástico barranquillero que encuentra en ellos mucho más de lo que su apariencia revela.
Egresado de la Universidad del Atlántico en 2007, De la Torre encontró en el arte una forma de expresión desde muy temprana edad.
“Me dedico a las artes plásticas desde que tengo uso de razón. No me tocó elegir entre muchas opciones. Siempre estuve dentro del rango de las artes”,
cuenta.
Antes de pensar en una carrera profesional, ya exploraba su creatividad a través del dibujo, los retratos y los tatuajes caseros que realizaba desde los 14 años.
Sin embargo, fue el encuentro con el profesor Manuel Bustos el que marcó un punto de inflexión en su camino artístico. Mientras viajaba en el carro de su mentor, descubrió un portafolio con imágenes de sus obras. Aquello que inicialmente había confundido con fotografías resultó ser el trabajo pictórico de su profesor. La experiencia le reveló hasta dónde podía llegar la pintura y le hizo comprender la importancia de formarse para desarrollar su propia propuesta.
Fue entonces cuando encontró en el arte figurativo el lenguaje con el que quería expresarse.
“Yo no soy muy bueno con palabras y siento que la figuración me da esa herramienta de comunicación en la cual no dejo muchas cosas al azar”,
explica.
En su obra, los gabinetes contra incendios y las neveras de bebidas no son simples representaciones de objetos. Con el paso del tiempo, se han convertido en testigos de escenas cotidianas, recuerdos y situaciones que, desde su mirada, merecen ser contadas. A través de ellos, De la Torre construye un universo en el que lo familiar adquiere nuevos significados y elementos aparentemente insignificantes se convierten en puntos de partida para explorar otras realidades de la región Caribe colombiana.

Esta manera de observar también está atravesada por relación con el Caribe. Para el artista, el territorio no solo se representa mediante sus costumbres y elementos culturales, sino también a través de sensaciones como el calor y la búsqueda constante de frescura. Por eso, los líquidos, las botellas, las neveras y los espejos de agua protagonizan constantemente sus obras.
“Para mí, como artista caribe, lo que más me representa es de pronto la temperatura”,
afirma.
El calor de la región influye en la manera en que sus obras son percibidas, la condensación de una botella o la imagen de una bebida fría pueden despertar una sensación particular en quienes conocen de cerca las altas temperaturas de la costa, mientras que para otros espectadores la experiencia puede ser distinta.
Él no pretende explicarlo todo con sus pinturas, considera que el arte también debe sentirse e interpretarse desde la historia, la cultura y las experiencias de cada persona. Una misma imagen puede despertar recuerdos diferentes, provocar una sensación o conducir a preguntas que no estaban presentes en una primera mirada.

En la pintura de Álex de la Torre, lo cotidiano deja de ser paisaje para convertirse en relato. Su obra invita a detenerse ante aquello que siempre ha estado frente a nosotros y descubrir que, incluso en los objetos más comunes, pueden habitar la memoria, las sensaciones y las historias del Caribe colombiano.
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