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Viajar de lejos para bailar en el Carnaval, un encuentro trascendental

Tres colombianos bailarines Valentina, Daniel y Angélica viajaron desde Nueva York donde residen hasta Barranquilla para vivir la magia de bailar del Carnaval.

Valentina Olaya. Carnaval 2024. Fotografía: Natalie Berdugo

Cuando  se muda del país de origen las fronteras internas se disipan para convertirse en una sola nación. El costeño, el del interior y el paisa dejan atrás sus etiquetas regionales y se unen en una sola denominación, el ser colombiano, un colombiano que reúne el imaginario bueno  y lo malo de su patria, uno de estos imaginarios es el Carnaval, fiesta que se convierte en el encuentro con la madre, con las raíces de un territorio que te dio vida a pesar que no hayas crecido con la fiesta, es la oportunidad perfecta para reencontrarse y vivir una experiencia mágica ancestral. Este es el caso de los bailarines; Valentina, quien es hija de colombianos, Angélica y Daniel, oriundos de Bogotá residentes los 3 en Nueva York. 


Valentina lanza besos a los espectadores que se encuentran en las gradas y los minipalcos ubicados a lo largo de la calle, con quienes se toma fotos que le han pedido a lo largo del desfile.Me encuentro con ella en la Gran Parada de Fantasía, tercer día de desfile de los 5 días de Carnaval, que en realidad se siente como la segunda semana de Carnaval si realmente se cumple la premisa de “quien lo vive es quien lo goza”. Una llamada repentina de ese mismo día me decía que estaba un poco cansada, y ¿quién no en el tercer día de baile, sol y euforia espiritual dentro de esta fiesta?


El desfile principal de Barranquilla consiste en un tramo de 5 km que se recorren bailando por supuesto, bajo el sol de mediodía en una ciudad del Caribe, con un clima de 32º centígrados. Valentina vestida de “Negrita Puloy” baila con una marimonda; disfraces de comparsas de personalidad graciosa, irreverente y coqueta. A pesar de tener un vestuario aparentemente fresco luce una peluca con un cintillo que la resguarda del sol pero no del calor, mientras transcurre la euforia de los visitantes y espectadores quienes gritan y sonríen, los bailarines toman agua y comen bocadillo a ratos para poder aguantar la fatiga de los movimientos de brazos, piernas y mantener la energía. 


Somos Cumbia, somos familia


Ella hace uso del abanico de su vestuario, el cual se menea de manera coqueta mientras se baila, este tiene encajes y en la mitad de este se encuentra bordada la palabra identidad, esa misma a la que le hace homenaje cada vez que viene a Colombia para bailar desde que es pequeña. 


Valentina Olaya Flórez. Carnaval 2024. Fotografía: Natalie Berdugo

En medio de la faena, el boleo y la rapidez, le pregunto por qué viaja desde tan lejos, ella se ríe y toma aire para responderme:

“Vivo en Nueva York, vine a bailar acá en el Carnaval de Barranquilla porque es un gozar, es sentimiento  y una alegría que trae poder celebrar una tradición, este país y esta ciudad”.

Afirma Valentina, quien corre para alcanzar a la Comparsa Identidad, donde procura participar cada año para cumplir el sueño colombiano, una clase de idea inversa al famoso sueño americano.


Valentina se graduó en el Colegio San José de Barranquilla, actualmente está estudiando danza en la Universidad de Queens en Nueva York, un legado que continua de su familia artista. Su madre barranquillera, Directora de la escuela Karla Flórez, School of Dance New York (KFSD), está atenta de la transmisión en el canal regional de Telecaribe, esperando verla a ella, a Daniel o Angelika quienes vinieron por primera vez a esta gran fiesta hospedandose en la “CasitaKillera” con el fin de promover la sostenibilidad del Carnaval. 


Karla Florez sostiene su libro ded investigación sobre la cumbia colombiana en la ciudad de Barranquilla
Karla Flórez y su libro "Somos Cumbia, somos famiia" Fotografía: Aldira Chamorro
“En nuestra construcción familiar a través del arte y la cultura creemos firmemente que el arte es un medio sanador, que la danza es un catalizador y que todo en conjunto con la música genera espacios de unión y comprensión a pesar de las diferencias.”

Comenta Karla, quien en su labor con la danza también realizó una investigación sobre la cumbia plasmando el libro “Somos Cumbia, somos familia”, el cual hace una analogía con las relaciones en las familias y de cómo en los  territorios extendidos de Colombia, en este caso Nueva York, se continúa salvaguardando esta tradición.


Un estado profundo de conciencia mental


Daniel Fetecua es bogotano, es un bailarín profesional que viajó gracias a la alineación de las estrellas, según dice, siempre había querido bailar en el Carnaval pero no se había presentado a oportunidad, hasta que gracias a la unión de la comunidad de caribeños en la ciudad de Nueva York se vinculó a la comparsa "Torito en Carnaval" de dla Corporación Cultural Mónica Galindo, con quien había colaborado previamente desarrollando clases virtuales en plena pandemia.


Este bailarín profesional desfiló como congo, baile de tradición de raíz africana. Él considera que esta es una experiencia trascendental debido la intensidad de baile de tres horas bajo el sol candente del trópico. 


“Más la preparación desde temprano en la mañana y el gran vestuario que llevábamos. A eso se le adjunta la responsabilidad de darle al público que viene a ver el desfile, lo mejor de nosotros. Al inicio sentí que no la iba a lograr pero después de un trago de aguardiente frío, mi cuerpo se puso en marcha y se logró lo cometido”.

Afirma Daniel, quien es coreógrafo y director del programa de entrenamiento profesional de la José Limón Dance Foundation en la ciudad de Nueva York,


La exigencia de la que habla Daniel se repite tres días para cada desfile, algunos no soportan y tienen que salirse, sentarse y respirar, lo que me hace pensar que los bailarines de este desfile se enfrentan a una batalla de vida y muerte, precisamente lo que el Carnaval de Barranquilla es como esencia. 


Por otro lado se encontraba Angelika, bailarina de folclore colombiano, también nacida en Bogotá a quien se le estaba cumpliendo un sueño: el de bailar en una cumbiamba, uno de las danzas más representativas del país y la cual conforma las 13 danzas que resalta la fiesta hoy declarada "Patrimonio Inmaterial de la Humanidad". La Escuela Palma Africana, le abrió sus brazos a Angelika con un gigante "huepaje", esta misma escuela ha sido cuna de formación tanto de Valentina como de Karla Flórez.


“Un honor para mí poder bailar para tantos espectadores y sentir su euforia , alegría y aplausos . Se me llenó el corazón de amor que experiencia tan linda”. 

Comenta Angelika Jaramillo, bailarina que participa en la Escuela de Danza Karla Flórez en Nueva York.


Los caribeños y colombianos en general, cada año desempolvan sus vestimentas carnavaleras, así se encuentren a 5 grados centígrados, cada fiesta hemos visto a colombianos recordar sus raíces y entregar una cálida alegría donde se encuentren, a pesar de no vivir en su ciudad natal, algunos regresan para brindarle al Carnaval una sonrisa más y que este a su vez, le regrese el sentimiento de estar de vuelta en casa. 


Para Daniel, la danza da la oportunidad de encontrarse con uno mismo agregando que es:


“En un estado profundo de conciencia mental y corporal y en estas condiciones se convierte en un ritual que se vuelve parte de la memoria muscular, de la psiquis y del alma para dejar una marca en el adn de mi vida”. 

Los bailarines han regresado a su cotidianidad, a la gran ciudad de cemento, pero con la magia y el fervor caribeño en sus corazones que se mantienen vivos y latentes para seguir con su vida entregada al baile.

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