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Un faro hecho de vidrio y de sueños

El nuevo plan barranquillero es el comentado paseo se trata de visitar “La Ventana de Sueños”, el nuevo monumento del municipio de Puerto Colombia que construyó la empresa Tecnoglass, esa misma que es encabezada por el hombre de los vidrios y los cristales en Barranquilla, Christián Daes, y que ya había hecho unas obras parecidas en otros puntos del departamento del Atlántico en los últimos años. 



Autor: Paul Padilla


Fue una mañana soleada de principios de diciembre cuando me dispuse a conocer el lugar el cual aún estaba ultimando detalles para su gran inauguración al público, soplaba la característica brisa de finales de año y el sol se hacía presente con todo su brillo y todo su calor. Tomé un bus de Puerto Colombia, uno de los mismos que a menudo utilizaba para ir al colegio y posteriormente a la universidad en mis años de estudiante. En él me encontré con lo típico que cualquiera se encontraría, personas que se dirigían a realizar sus actividades típicas del día a día, pero también había una persona que llevaba una tabla de surfear para disfrutar de las playas del municipio, me imagino, la cual destacaba entre los pasajeros porque su color amarillo contrastaba con las sillas azules en donde todos estábamos sentados. 


Cuando el bus llegó al municipio, el monumento se mostró imponente a través de la ventanilla del vehículo y destacaba por su gran altura. Sus tonos azules y blancos hacían juego con el despejado cielo decembrino atlanticense y al alrededor del lugar se mostraba un gran contraste, por un lado el material nuevo, brillante y vistoso del faro y por otro las desgastadas sillas plásticas y la madera de los diferentes locales comerciales como restaurantes playeros que estaban en las cercanías. No hace falta más que un simple vistazo para percatarse que estos negocios llevan muchos años en el lugar soportando las inclemencias del clima, como largos baños de sol, pasando por extensas jornadas de uso en temporadas turísticas, hasta aguaceros en épocas más lluviosas que poco a poco han ido desgastando estos sitios. 


A escasos metros está también la playa del municipio bañada por ese hermoso mar Caribe, ese mismo que vio llegar a centenares de extranjeros a finales del siglo XIX y principios del XX a nuestro país buscando mejores oportunidades para ellos y sus familias. Muchos cuando se acercaban a tierra firme veían a lo lejos el imponente muelle que había en aquellas épocas. Si hoy llegaran, la vista sería un tanto diferente, seguirían viendo ese mismo cielo azul, sentirían también las brisas del Caribe colombiano pero se encontrarían la nueva estructura que simboliza gran parte de la historia portuaria y marítima que ha tenido el municipio a lo largo de los años.


Los obreros que trabajaban arduamente bajo el sol, a unos 38 grados de temperatura, se turnaban para continuar con sus labores mientras que otros se sentaban a descansar aprovechando la sombra que el propio monumento les brindaba. “Está quedando bien” o “ya llegó el soldador de la empresa para hacer lo que hace falta”, eran algunos de los comentarios que se alcanzaban a escuchar entre los propios trabajadores que más que concentrados se podía decir, estaban metidos de cabeza, de manera literal en la culminación de la obra ya que algunos incluso se les veía dentro de la estructura del faro cuadrando cada pieza para que todo estuviese en su lugar. 


A un lado de la rotonda donde se alza el faro, acabada de bajar de su transporte, alcancé a ver en el piso la placa que conmemorará la inauguración en la que pude leer “El grupo Tecnoglass y la familia Daes Abuchaibe de la mano de la Sociedad Colombiana de Arquitectos con el apoyo de la Gobernación del Atlántico y la Alcaldía de Puerto Colombia hacen entrega de La Ventana de Sueños”. 


Algunos de los habitantes y personas que frecuentan el municipio expresaron sus emociones a la hora de hablar del imponente faro, Germán Montero, propietario de unas de las cabañas del municipio desde hace unos 10 años no ocultó su emoción por la obra “esto no solo favorece al pedazo donde está el monumento, sino también al municipio estero y por eso también puede beneficiar a todos en temas turísticos y por supuesto, económicos”. 


Para emprender el camino de regreso fue necesario caminar por una de las calles más largas del municipio, en donde se veían también gran cantidad de obreros trabajando bajo los rayos del sol y a muchas personas que se movilizaban en moto, (algo común en los municipios del Atlántico), varios de ellos parecían dirigirse también al lugar del monumento, tal vez para llevar a alguien allá o tal vez solo para admirar más ese faro hecho de vidrio y de sueños.

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