Santa Cruz del Islote: ¿turismo de la miseria?

Actualizado: 8 nov

Por Alberto Ortega Manzanares


Llegar a Santa Cruz del Islote es sencillo. Basta con reservar el pasaje en Tolú o en Coveñas. Si se aloja en el primer municipio puede hacerlo con Marlín Mar Tours y le saldrá por 60.000 ida y vuelta.


Prepárese para embarcar en la chalupa a las 8:30 de la mañana (orientativo, pues suele retrasarse). El viaje como tal le demorará una hora y media como mucho si se topa con fuerte oleaje.


Vista aérea del Islote/Fuente: @armandocordoba en Twitter


Antes de desembarcar en el islote le ofrecen un recorrido turístico desde el muelle. El paseo como tal no es muy largo, debido al reducido tamaño del islote. ¡Tan solo abarca 10.000 metros cuadrados! En esta hectárea viven apiñados un total de 816 personas. Sin embargo, 200 de estas pertenecen a la denominada población flotante, ya que tan solo vienen en vacaciones.


¿De qué viven?


Sobreviven gracias al turismo y a la pesca. De hecho, la primera de estas actividades supone una fuente de ingresos muy interesante. Es decir, en un domingo de noviembre pueden llegar unos 1200 visitantes a este pedazo de tierra. Raro es el que no paga 10.000 pesos por el recorrido ya mencionado.


Turistas desembarcando en el muelle de Santa Cruz del Islote/Fuente: propia


Este arranca en el muelle y sigue hasta la calle del Adiós. El nombre lo recibe de la costumbre de portar a las personas fallecidas a través de esta hasta el muelle. De él parten hacia el camposanto en Tintipán.


La misma plaza cuenta con la escuela del corregimiento, donde estudian 227 niños. Algunos de estos proceden de otras islas de San Bernardo como Múcura y Tintipán.


Una vez finaliza la calle del Adiós te topas con la plaza de Santa Cruz. Aquí la única opción es virar a la izquierda y contemplar un crucifijo blanco de piedra. Cuentan los guías que los primeros pobladores fijaron uno de madera en el mismo sitio nada más llegar. Sin embargo, fueron cambiándolo con el tiempo hasta el actual. Le rinden mucho respeto ya que le da nombre al lugar.


Turistas caminan por una de las calles principales/Fuente: propia


¿Por qué vive tanta gente en tan poco hueco?


El ser humano llegó hace 322 años, cuando tan solo medía 400 metros cuadrados. Poco a poco la población fue creciendo y demandando más espacio. Así pues, según los lugareños, comenzaron a botar las conchas de los caracoles que traían los pescadores. Fueron ganando terreno al mar con esta práctica, a la que también añadieron corales y piedras.


Hoy en día se trata de un corregimiento con todos los servicios públicos necesarios. Cuenta con un centro médico y con una planta de energía. La electricidad la brindan paneles solares durante el día que la agencia de cooperación internacional japonesa donó. Sin embargo, de noche activan turbinas de diésel. Resulta curioso cómo los japoneses los regalaron en agradecimiento por dejarles grabar documentales hace 9 años. Ningún isleño confió en la palabra de aquellos asiáticos.


Por otro lado, el agua procede de dos fuentes distintas: los buques cisterna que llegan desde Cartagena una vez a la semana y el agua de lluvia. Lo que sale de los inodoros de las precarias viviendas del lugar acaba en el mar. El mismo mar Caribe que inunda las calles en temporada de lluvias. Durante esta sube la marea y deja el piso completamente encharcado, por lo que los habitantes calzan chanclas (si no van descalzos).


Edificio más antiguo del islote/Fuente: propia


Tienen pleno conocimiento sobre las mareas, debido a la costumbre, y saben cuándo bajará de nuevo el nivel del mar.


Recursos turísticos y maltrato animal


Volviendo al turismo, los habitantes cuentan con sus propios recursos para atraer visitantes. Los principales son un par de acuarios que cuentan con peces como el urel, la chopa o (su plato fuerte) el tiburón nodriza.


Estos viven en una piscina que no se compara con el tamaño de su hábitat natural. Además, también se organizan peleas de gallos en la isla y te muestran las jaulas donde los guardan esperando para entrenarlos. El lugar no destaca, precisamente, por brindar un trato digno a los animales.


Gallos de pelea enjaulados mientras no entrenan o pelean/Fuente: propia


Una cancha de película


Guillermo Cardales Castillo "el mono" es guía, buzo, documentalista y vigilante de seguridad del centro de salud. Grabó un documental sobre el islote que despertó la curiosidad de Farid Mondragón, arquero de la selección colombiana. En este aparecía Natalia Reyes, actriz que compartió pantalla con Schwarzenegger en la última de Terminator.


Harold Bedoya, futbolista compañero de Reyes en la selección, se interesó por la isla. Llegó desde Cartagena y jugó contra un equipo seleccionado por "el mono". Los isloteros ganaron 17-8 al equipo del futbolista. Además, también se proclamaron vencedores en la revancha al día siguiente (7-3).


Listerine pagó por un documental sobre la isla y los partidos con Harold que se llevaron a cabo en ella. Para acabar, Bedoya colaboró para la construcción de una cancha de piedra en la calle del Adiós (antes era de tierra).


Fuente: propia


Años más tarde, Bancolombia contactó con Guillermo Cardales para la grabación de otro documental sobre la isla. Él accedió, ya que quiere dar a conocer la situación de los habitantes (declara que están "abandonados por el gobierno"). La entidad bancaria se comprometió a aportar 1.000 millones de pesos para la construcción de una cancha flotante.


El banco cumplió y la envío a Cartagena, de donde debía partir para Santa Cruz. Sin embargo, no lo hizo porque la administración pública paró el envío desde la capital de Bolívar. Es decir, los gestores del Parque Ncional de Islas del Rosario y San Bernardo no lo permitieron. "El mono" aseguró que se reúnen en Múcura pero no les importa la vida de quienes habitan en Santa Cruz. Manifestó que tan solo les preocupa el dinero, por lo que no suelen acudir representantes del islote a las reuniones.


El único futbolista profesional proveniente de este lugar se llama Julio Castillo y juega en el Real América, de Bolivia. Los pelados que se entrenan en este deporte deben hacerlo en la cancha de Tintipán, a dónde acude también el resto del archipiélago, ya que la pista local de la calle del Adiós se queda pequeña. Por lo tanto, queda reservada para los niños.


La piscina de uno de los acuarios. La entrada va incluida con el tour/Fuente: propia


¿Por qué la isla es segura?


El tour continua por las angostas calles llenas de agua debido a la marea. El guía continúa su explicación con el asunto de la seguridad. ¿Quién impone orden en una isla sin policía? La respuesta es sencilla: los mayores. De esta manera, las personas ancianas se reúnen para mediar en cualquier disputa que altere la vida en común. También conviene resaltar lo poco inteligente que sería quien agrediera o robase a su vecino en un espacio reducido en el que todos se conocen.


El recorrido termina en el segundo acuario, del que hablamos anteriormente. La entrada se ubica en una suerte de muelle desde el que podemos contemplar las próximas ampliaciones del terreno. Una serie de pilares cercan el agua donde los constructores botan piedras y otros sedimentos. Ganan terreno al mar construyendo viviendas sobre estas plataformas.


Plataforma para ganar terreno al mar de nueva construcción/Fuente: propia


Desde este muelle también llevan a cabo la práctica de echar al mar los desechos provenientes del baño. El "¡agua va!" del pasado sigue existiendo aquí. Así pues, tiran carretillas repletas de agua de inodoro.


¿Por qué es un destino turístico?


El recorrido como tal es muy rápido y lleva tan solo unos quince minutos completarlo. Sin embargo, el redactor de esta nota se quedó casi 4 horas para escuchar las historias de los habitantes. Además, no se aburrió porque le apasiona escribir. Sin embargo, el turista promedio se demora unos 20-30 minutos en la isla porque realmente es diminuta. Se ve rápido y no cuenta con grandes atractivos que ofrecer. Entonces, ¿por qué la visitan?


Puesto de salud en Santa Cruz del islote/Fuente: propia


Un instructor de buceo de Coveñas lo describe como "turismo de la miseria". Es decir, una práctica que se alimenta del morbo de los viajeros que quieren ver las duras condiciones de vida de la isla más densamente poblada. Asegura que los isleños viven de subsidios, no pagan impuestos y les interesa mantener sus condiciones de vida.


Es decir, considera que no es conveniente para los habitantes mudarse a otras zonas porque el turista llega y paga buscando la pobreza de este lugar tan curioso. Por otra parte, protesta porque todos los años realiza una limpieza submarina de las áreas aledañas al islote y encuentra electrodomésticos.


"A pesar de que tengan servicio de recogida de basuras les interesa botarla al mar para aumentar la superficie donde construir". El propio autor de este reportaje atestiguó como un hombre echaba un contenedor de basura dañado que quedó flotando. De hecho, varias calles presentan un olor fuerte y basuras desperdigadas.


Entrada al acuario desde la que botan aguas sucias al mar/ Fuente: propia


Muchos peces y pocos mosquitos


Los guías pasan el mediodía charlando en el muelle mientras esperan la llegada de nuevos turistas. A su vez, las mujeres se sientan en unas sillas dispuestas en corro. Por otro lado, los niños juegan al fútbol en la cancha o pescan en el embarcadero. Utilizan como cebo sardinillas capturadas con red desde las tablas de madera. Una vez recogen la red tiran los pececitos por el suelo.


Se apresuran a recogerlos para colocarlos en un vaso demasiado pequeño para la cantidad de peces que alberga. Luego los pincharán en el anzuelo y esperarán a que piquen las picúas. Lanzan con fuerza el anzuelo al mar y se sientan a esperar. Normalmente no tardan mucho en recoger el sedal.


Isaac, de unos ocho años, pescó un pez algo más largo que su antebrazo. Sus amigos me lo describieron como "el mejor pescador de Santa Cruz". Uno de ellos se cortó con los dientes del animal al recibirlo en la superficie.


Picúa capturada por Isaac/Fuente: propia


Debemos resaltar la importancia de la pesca, la que condicionó el asentamiento de seres humanos en este lugar. El área siempre ha sido bendecida con abundantes bancos de peces y una exuberante biodiversidad. Por ello es que esta zona pertenece a un parque nacional y se ha convertido en un destino de referencia para submarinistas.


Pues bien, los primeros habitantes llegaron porque contaban con la misma pesca que en Múcura y Tintipán pero carecen los mosquitos, que vuelven la vida imposible en estos lugares. De esta manera, la isla fue creciendo y ningún gobierno la atendió. Hoy en día es un quebradero de cabeza para el parque nacional, que debe proteger el medio ambiente pero teniendo en cuenta la realidad de esta población que depende de la pesca y el turismo para subsistir.


¿Podrá mantenerse a flote ante los embites del cambio climático? Lo que queda claro es que los habitantes quieren quedarse y encontrarán la manera de hacerlo.