Mucho antes de “Encanto”: hace 23 años Colombia protagonizó una producción de Disney

Desde que Disney lanzó el nuevo tráiler y anunció el día del estreno de Encanto, la película

animada inspirada en Colombia, mucho se ha hablado de la buena noticia que constituye la aparición de nuestro país en una producción de esa magnitud. Lo que poco se sabe es que, hace más de 20 años, uno de los personajes animados más famosos del mundo, también de Disney, ya había visitado el altiplano cundiboyacense.

Portada de “The Last Lord of Eldorado” (1998)

Fue Tío Rico, en el comic de 1998 “The Last Lord of Eldorado” (El último señor de Eldorado). Además de él, también aparecieron el Pato Donald, sus tres sobrinos (Hugo, Paco y Luis) y Flint McNate.


El banco de Nueva Granada

Luego de encontrar un mapa de todos los barcos hundidos en el siglo XVII, Tío Rico, Donald y los niños se entregaron a la búsqueda de sus tesoros. En una embarcación lemana, Donald encontró una placa de oro que conmemoraba la fundación de un

consorcio del banco Welser en Nueva Granada, en febrero de 1539.

El descubrimiento intriga a Tío Rico. Viaja con Donald y sus sobrinos a Alemania y se reúnen con la empresa bancaria que posee los restos de aquel banco. Tío Rico se los compra y, una vez cerrado el negocio, el director le revela que el banco Welser aún tiene una sucursal en un lugar perdido de Latinoamérica.

El director le cuenta sobre la operación al dueño de la banca y este decide espiar a los patos para saber qué traman.


Jiménez de Quesada y Sebastián de Belalcázar

Los restos comprados por Tío Rico eran unos documentos. Gracias a ellos descubren que el banco fue fundado por Gonzalo Jiménez de Quesada (fundador de Santafé de Bogotá), Nicolaus Federmann (cronista alemán que participó en la Conquista) y Sebastián de elalcázar (fundador de Popapán y Cali), quienes se conocieron en la meseta de Cundinamarca, en Omagua, también conocida como Eldorado.

De izquierda a derecha: Nicolaus Federmann, Gonzalo Jiménez de Quesada y Sebastián de Belalcázar

En el Manual de los Jóvenes Castores los niños averiguan que las escrituras del banco de Eldorado están en un monasterio en Bogotá. Los patos, entonces, deciden viajar a Colombia. El dueño de la banca, que no es nadie menos que Flint McNate, rival de Tío Rico, los sigue hasta allá disfrazado de monja.


Los patos en la meseta cundiboyacense

Habiendo llegado a Cundinamarca, los patos deben mostrar la placa de oro en el monasterio para que la abadesa les deje visitar los archivos, entre los cuales está el contrato de los tres fundadores del banco. Flint McNate roba el documento, pero Donald va tras él y Tío Rico acaba por recuperar el contrato. Después de estudiarlo, encuentran la ubicación exacta de Eldorado.

Durante la expedición, el Pato Donald se cruza con un cóndor andino, ave nacional de Colombia.

Los patos alquilan una excavadora y salen en busca de Eldorado. Llegan al lago de Teusacá y lo drenan, pero solo encuentran barro. Mientras tanto, Hugo, Paco y Luis salen a explorar zonas cercanas. Al final, dan con una gran roca con la huella de la placa dorada que encontraron al comienzo de la historia. De ese modo deducen que el bosque, antes de ser tal, había sido un lago que Jiménez de Quesada drenó para ocultar el tesoro. La mala noticia es que McNate hace el descubrimiento al mismo tiempo y ata a los niños para que no corran a contarles a Donald y a Tío Rico, que sigue excavando hasta el punto de inestabilizar las paredes rocosas que rodean el lago.


El tesoro de Eldorado

Tío Rico y McNate empiezan a discutir sobre la propiedad del banco mientras que Donald busca a sus sobrinos. Cuando regresa con ellos, los otros dos aún están discutiendo sin percatarse de que el colapso de las paredes es inminente. Los alcanzan a rescatar antes del derrumbe, que destapa un tesoro gigantesco en el fondo del bosque.

Los aventureros descubren el tesoro.

Primero, Flint McNate se cree el dueño de las riquezas; luego es Tío Rico quien, mediante una jugarreta aplicada a su rival, se cuelga el título de “El último señor de Eldorado”. Al final, dos inspectores fiscales colombianos aparecen y les informan que ni el uno ni el otro son los dueños del tesoro: todo le pertenece al gobierno. McNate queda furioso con la noticia, pero Tío Rico se toma la pérdida con buen ánimo, pues le quedaron las escrituras del banco de Eldorado como recuerdo de su aventura.