Los Goleros de Sabanalarga, una danza de tradición que conforma el patrimonio del Carnaval de Barran

Los goleros sobrevuelan el cielo del municipio de Sabanalarga bajo el sol caliente del trópico y esperan pacientes a su presa con aleteo profundo y fuerte. Un olor putrefacto se siente en el ambiente y los goleros agitados anuncian la muerte. Apolinar José Polo, un joven curioso de este ritual de la naturaleza, camina hasta llegar a la presa acechada por los pájaros carroñeros. Escondiéndose tras unos arbustos, toma su papel de espectador para no interrumpir tan majestuoso acto de sobrevivencia de la naturaleza.



Apolinar se inspira en este ritual para crear una danza-teatro que, 100 años después, sería homenajeada por el Carnaval de Barranquilla, época en el que cada año se baila esta danza al son de la flauta de millo, maracas y tambor. Ya sea en la vía 40, en teatrinos, plazas, desfiles o presentaciones, los danzarines disfrazados de “golero rey” o de “la laura”, con alas blancas y negras, picos café y afilados, se curvan noblemente hacia la tierra, orientando a su bandada en busca de la presa.


En una clase de interpretación los danzantes imitan a estos pájaros de ojos saltones, profundos y decididos que suelen divisar a los lejos la sangre que les seduce y así bajando su vuelo se posan en un círculo, este acto se traduce en el baile que al ritmo de la gaita con el mismo sol ardiente caribeño, el aire denso y fresco de brisas y con los mismos corazones alegres. En la historia teatral este acto está acompañado de una historia que incluye un cazador que decide descansar en medio de una caminata por caminos rurales, un noble burro gris, que abandonado y silencioso se entrega al sopor de la agonía y un perro.



sobresale el más pequeño que en su inocencia y gran felicidad celebra la vida en medio de la muerte.


“Soy el burro manco que no puede caminar,

Mi amo me ha soltado porque lo intenté matar,

Aquí me voy a tirar y este será mi destino,

Y que venga el Rey primero a comerse mi tocino”


Canta en verso uno de los danzantes


Su amo, el cazador decidió abandonarlo por su paso lento y perezoso, más adelante al tomar una siesta debajo de un árbol, en un sueño ve que las aves de rapiña acechan la carne del animal. Arrepentido, se despierta para defenderlo junto con su otro fiel compañero de camino, el perro.



“Sarampión me llamo yo, perro de cacería,

tengo la mala maña de estar en el fogón todo el día

mi amo me anda pateando porque me le como la comida”


La múscia al son de marcha, continúa guiando a los goleros que bailan en círculo y con paciencia, picotean y empujan a su futuro banquete. El primero en acercarse es el rey quien con facultades de guía expresa.


Soy el rey de la decencia

que asiste a mis cualidades

porque evito a las ciudades

toda la pestilencia


Luego del rey, se acerca la hembra denominada laura, el pichon interpretado por un niño de no más de 3 años que se roba las miradas con su pequeño disfraz y el alguacil declamando:


Yo traigo la espesura de los bosques y praderas

esperando que alguien muera para darle sepultura


Finalmente el cazador se despierta y descubre semenjante festín, con arma en mano y su perro desesperado apunta su arma y declama.


Este pobre golero

ha salido a caminar y ha podido encontrar

cargo de jefe primero


Estos son los versos del poeta Bonifacio Salazar y el flautero Carlos Orozco.


La importancia de la muerte como parte del ciclo de la naturaleza, la tradición gestada en el departamento del Atlántico y la integración social y artística, son representadas en la “Danza de los Goleros y de los Gallinazos”, un baile de relación que se ha mantenido vigente durante ciento dos años, gracias a la pasión y al legado de una familia que hoy conforma la “Fundación Cultural Danzas Tradicionales Diablos Arlequines de Sabanalarga”, contribuyendo al patrimonio inmaterial del Carnaval de Barranquilla, interpretando también a los enigmáticos Diablos Arlequines y a las coquetas y divertidas Farotas.


Aún en las situaciones y adversidades que ha traído el COVID-19 a la cultura barranquillera, sus integrantes se reactivan para continuar el legado cultural. Poco a poco, su líder Gastón Polo, heredero del creador de esta danza Apolinar Polo, revive los ensayos y las integraciones que unen a una comunidad caribeña.


Apolinar


Es enero del año 2019 , momento en el que aún nadie se esperaba que se acercara una pandemia, es época de precarnaval, el Atlántico y su capital respiran las brisas decembrinas, su gente termina la fiesta de fin año para iniciar otra tanda más, las fiestas del Carnaval.


Algunos protagonistas de esta fiesta se citan en la sede de la “Banda de Baranoa” donde las diferentes comparsas y danzas ensayarán para el evento que, oficialmente, abre esta racha de alegría, La Coronación de la Reina del Carnaval de Barranquilla, de la cual serán parte los Goleros de Sabanalarga, quienes esta vez practican como Diablos Arlequines. En esta misma sede me he citado con el señor Gastón Polo, heredero de la danza de los goleros.


Son las dos de la tarde, la frescura y la tranquilidad de este amplio espacio al aire libre recibe a los bailarines que llegan poco a poco, saludando a sus compañeros con una paciencia infinita, tanto que nadie creería que están a punto de transformarse en personajes que emanan jolgorio, ritmo y talento.


Mientras los diablos arlequines se preparan para ensayar, solo vistiendo sus espuelas, pues así miden la distancia y los pasos claves para su baile, platican y bromean con sus compañeros. Gastón Polo anuncia que se retirará por un momento. Su semblante tranquilo, pero de ceño fruncido por el reflejo del sol, da la impresión de estar pensando en muchas cosas mientras conversa. Sin embargo, tiene ese estilo Caribe, con el que las palabras y los cuentos fluyen de manera lenta pero cómoda, transmitiendo la sensación de tener todo el tiempo del mundo.


Los goleros nacen en 1919 en el municipio de Sabanalarga. Gracias a la gestión de Pablo Palmera, quien mantendría el baile tradicional por 30 años. Sin embargo, con el paso del tiempo, sus integrantes originales fueron falleciendo y con ellos el acto artístico. Y así como en su propio acto, la Danza de los Goleros muere por más de 25 años en el año 1950, para luego renacer con aún más fuerza en el año 1979, gracias a la pasión de Apolinar Polo, quien, enamorado de este baile, realiza una investigación y emprende la búsqueda de sastres y poetas que le ayudan a pulir la danza.


“Mi papá en ese tiempo era un adolescente que le gustaba irse detrás de las danzas y disfraces. Él veía un disfraz y salía detrás de él a mirar como hacían. O sea, era un niño inquieto en esa época. Él ve el plumaje de los goleros negros, de los pichoncitos blancos y del rey con cresta. Entonces, para él percatarse mejor, se dirigió al zoológico de Barranquilla. En esa época no existía tanta tecnología pero le tomó fotos al Rey, la Laura y al alguacil y, de acuerdo a lo que vio, empezó a elaborar su vestuario con unas costureras, a buscarle el color de acuerdo al plumaje y al personaje”

comenta Gastón.

Esta danza es uno de los denominados “bailes de relación” dentro de la tradición del Carnaval. Llamados así por el encuentro del movimiento y la palabra hablada. En la Danza de los Goleros, cada personaje declama un verso mientras transcurre la historia de un burro que, triste por el abandono de su dueño, se echa a la suerte de los goleros mientras que los pichones bailan al ritmo de la puya atlanticense, al son de la gaita, los tambores, el guache y las maracas, recreando el momento en el que los goleros y gallinazos se disponen a comer su presa.


Este acto hace parte de las 62 danzas ancestrales que alimentan el Carnaval de Barranquilla, declarado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Han ganado 34 reconocimientos de “Congos de Oro” y 22 exaltaciones, entregados por el Carnaval de Barranquilla S.A.S. Con su legado han llegado a países como Marruecos, Francia, Japón, Estados Unidos y Venezuela. El precursor de esta danza, Apolinar Polo, quien falleció en el 2005, fue homenajeado por alimentar el folclor de una cultura ancestral.


“Él era bastante inteligente a pesar de que no terminó el bachillerato porque se creaba unas ideas que de pronto así salían y cuando él comentaba a las demás personas, en seguida la cogía” afirma el señor Polo.


El Carnaval de Barranquilla se ha caracterizado por su fantasía, seres mitológicos, mágicos, divinos y atemorizantes que salen a dar rienda suelta a su personaje. Los barranquilleros y visitantes, también en su excitación, disfrutan de la fiesta y se disfrazan, toman, bailan para después contar sus historias.


El Carnaval es muerte. Esta se celebra, se enfrenta y hasta se alaba en el último día, cuando se llora “La Muerte de Joselito”; viudas y viudos vestidos de negro salen a la calle gritando alaridos de sufrimiento porque el festín se ha terminado, mientras llevan a “Joselito” en un ataúd. Pero antes de este último día, la muerte también se pasea por la vía 40 o la carrera 84, atemorizando a los asistentes con su larga sonrisa y su gancho, mientras se enfrente a la vida durante la “Danza del Garabato”, o en la “Danza del Golero” en el que la muerte toma otro sentido gracias a las aves carroñeras y su ritual de alimentación.


Después que Apolinar Polo apreció el festín de los goleros, decidió darle vida a estos 8 personajes: El Rey, la Laura, el alguacil, los pichones, la hembra del gallinazo rey, un perro, un burro y un cazador. Los integrantes de esta obra lucen máscaras con el rostro de los animales, vestidos con bombachos negros y blancos que simulan las alas de las aves y la piel del perro.


“En realidad, la danza de los goleros, es muy poco que llame la atención” agrega Gastón Polo, actual director de la Fundación Cultural Danzas Tradicionales Diablos Arlequines de Sabanalarga pues la fantasía, las lentejuelas y las sonrisas típicas del Carnaval no son parte de este baile. A diferencia de las demás, en las cuales la elegancia o los movimientos exuberantes son los protagonistas, los Goleros expresan una realidad que para muchos no resulta agradable: festejar la muerte. Por otro lado, Polo resalta la importancia de los animales de carroña para la limpieza del ecosistema.


“A mí me gusta la Danza de los Goleros por la historia, porque también transmite un mensaje ecológico que de pronto la gente no ha percatado. Cómo evitar la podredumbre de los animales que mueren en distintos sitios. El olfato les permite estar pendientes cuando muere el animal para ir a devorarlo. Como son aves de rapiña, no se contamina el medio ambiente”

Comenta Gastón.


62 danzas ancestrales que alimentan el Carnaval de Barranquilla, declarado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Han ganado 34 reconocimientos de “Congos de Oro” y 22 exaltaciones, entregados por el Carnaval de Barranquilla S.A.S. Con su legado han llegado a países como Marruecos, Francia, Japón, Estados Unidos y Venezuela. El precursor de esta danza, Apolinar Polo, quien falleció en el 2005, fue homenajeado por alimentar el folclor de una cultura ancestral.


“Él era bastante inteligente a pesar de que no terminó el bachillerato porque se creaba unas ideas que de pronto así salían y cuando él comentaba a las demás personas, en seguida la cogía”


afirma el señor Polo.


Pero estos goleros no son solo pájaros de carroña que buscan burros para su festín, ellos también se convierten en hipnotizantes diablos que lanzan llamaradas de fuego por la boca y chasquean castañuelas, y lo han estado haciendo desde hace más de 40 años. Y estos a su vez se convierten en Farotas, hombres que lucen vestidos brillantes y de colores, mientras bailan con llamativas sombrillas, que, según la historia, en un acto de revolución, engañaban a los violentos colonizadores españoles para defender a las mujeres de violaciones, este último con el permiso de las originales Farotas de Talaigua, Bolívar con quienes hablaron hace 35 años para poder interpretar esta danza.


“Mi padre creó la Fundación con esfuerzos. De pronto porque cuando él estaba, pasó las maduras y ahora se están viendo los frutos de ese trabajo que él realizó en esa época. Desafortunadamente él no tuvo la dicha de ver a ese semillero que viene en camino, ya que fui yo el que inculcó ese proyecto en la Fundación para que las danzas siguieran y no desaparecieran el legado o la tradición, expresa el heredero con profundo agradecimiento


Los Goleros de Sabanalarga emprenden su recorrido por las diferentes fiestas del territorio del Atlántico. En el 2019 danzaron para la Coronación de la Reina del Carnaval del departamento, recorrieron las calles de Baranoa, danzaron en el Sirenato de Puerto Colombia y llegaron, como siempre, al Carnaval de Barranquilla, a batir sus alas y picos en la Batalla de Flores, la Guacherna, entre otros eventos alternos a los principales de la celebraciones carnestolendas.


Ese mismo año finalizaron su folclórica y apretada agenda en la versión 21 de la Carnavalada, junto al río Magdalena, en el Parque Cultural del Caribe, donde nos pusimos cita para poder hablar con todo el grupo antes de su presentación. Como en tierra de Macondo, el tiempo pareciera ir en otro ritmo. Le pregunto al director de la Carnavalada si ha visto a los Goleros y él sonriente me responde “Todavía los estamos esperando. Ellos tienen una hora de retraso y vienen de Sabanalarga” agrega Darío Moreu sin ninguna preocupación, mientras la agenda se acomoda al imprevisto de la espera de los 30 chicos que vienen de otros compromisos en el Atlántico y conforman 3 shows de la agenda de esa noche, como lo ha sido por varios años en este evento alternativo del Carnaval de Barranquilla .


Finalmente llegan apurados. Gastón, como siempre con su semblante serio, da algunas indicaciones que los bailarines escuchan mientras se cambian al aire libre bajo una carpa con unas cuantas sillas y el comité de apoyo conformado por sus familiares.

“El piso está resbaloso, tengan cuidado” presagia Gastón.


Los goleros se toman la plazoleta Julio Mario Santodomingo, suena la flauta de millo y ellos saben que será la última presentación por ser el último día del Carnaval; un día antes del Miércoles de ceniza. Primero sale el cazador con su pistola en mano, seguido por su perro que con vestimenta de dálmata se mueve arrodillado y le ladra a los espectadores “mamando gallo”, mientras tanto, un golero baila y los demás esperan con las alas abiertas para comenzar el festín.


Esperan las señales de los músicos quienes paran para cambiar de pasos de baile. Ellos, con una máscara en la cabeza, picotean y se mueven a los lados, sus alas se mueven solas gracias a las brisas decembrinas barranquilleras que todavía soplan con fuerza. El show termina con más baile y la misma agrupación sale apurada a cambiarse para la siguiente danza. Uno de los padres de los pequeños artistas que conforman el semillero le pregunta: ¿De qué te quieres disfrazar?, él responde de Diablo Arlequín, por lo que se prepara mientras sus compañeros se visten para la próxima presentación, la de las Farotas. Con sombreros, sombrillas y largas faldas coloridas y brillantes, los ahora “hombres vestidos de mujer”, bailan entreteniendo al público.


Terminan su show para llegar rápidamente a vestirse como los Diablos. Sus espejos son los pequeños pedazos que tienen los sombreros de su vestuario que, según dice la historia, usaban los españoles para engañar a los indígenas. De este acto también hacen parte las niñas. Cada uno de ellos se ayuda haciendo con labial rojo, pequeños círculos en los cachetes de sus compañeros.


Alex coordina a los chicos que se dispersan entre sonrisas y bromas. Es como una clase de coordinador que conversa con ellos sobre el acto que los espera. Su experiencia lo envuelve en un aura de tranquilidad antes de la presentación, mientras que Gastón observa y dirige a mayor escala el show.


Alex hace parte de los goleros y diablos hace 10 años. Confiesa que se enamoró de la danza desde pequeño y, en un descubrimiento de júbilo, se dio cuenta que para ser golero también debería ser diablo e interpretar otra de sus danzas favoritas.


“Lo que me impresionó era su forma de bailar. Es un grupo de relación que declaman versos. Ellos salían independientemente en Sabanalarga y recorrían calle por calle diciendo sus versos y a uno joven le llamaba la atención de cómo se expresaba la cultura a través de la alegría y los versos del grupo”, recuerda el bailarín.


Los diablos más grandes y expertos toman gas líquido de una botella plástica reciclada y, con un fósforo en la mitad, desfogan largas y asombrosas bocanadas de fuego, deslumbrando a los espectadores que ya no pueden desviar la mirada. El piso se moja con el líquido y es así que el presagio de Gastón se cumple, pues en el último acto uno de ellos se lastima. Finalmente, terminan los tres actos, comen una merienda y se disponen para un viaje de una hora y media, de regreso a sus casas en Sabanalarga.


Esta transformación durante tres shows, la hacen niños y niñas de 5 años hasta hombres de más de 30 años, algunos primos, otros sobrinos o amigos del pueblo del señor Gastón Polo. Todos conforman la Fundación que con el paso de los años no solo ha mantenido una tradición y consolidado un patrimonio, sino que también contribuye a la integración social de Sabanalarga. Así se ha creado un semillero conformado por 60 niños, entre los que se encuentran cinco de los nietos de Gastón y bisnietos de Apolinar. Ellos son los próximos que heredarán la misión de mantener vivo el legado del folclor Caribe.