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La residencia de Shakira en Madrid también lleva el sello picoteril

hace 9 minutos
3 min de lectura

Luis Eduardo Rodríguez, El Kapo, y Jorge Durán llevan hasta España una tradición de los barrios del Caribe colombiano, ratificando que el Carnaval de Barranquilla no solo son sus disfraces, sus danzas y sus músicos, también lleva sus ritmos, sus historias y esas máquinas de sonido que son parte de la identidad de una región.

Crédito: Alcaldía de Barranquilla
Crédito: Alcaldía de Barranquilla

La cultura picotera de Barranquilla se encuentra en Madrid, España, representado por dos de sus referentes, invitados por la Alcaldía de Barranquilla con el propósito de llevar esta identidad de la ciudad durante la residencia de Shakira y mostrarle al mundo una de las expresiones más auténticas de su identidad.

 

Se trata de Luis Eduardo Rodríguez Flores, El Kapo, uno de los grandes referentes de la cultura picotera, y Jorge Durán, creador de El Emigrante Turbo, para hacer parte de los hacedores del Carnaval que viajaron a representar la ciudad y sus tradiciones ante públicos de distintas partes del mundo.

 

 El Kapo, explica que estar en Madrid tiene un significado que va mucho más allá de una presentación. Es la oportunidad de que una tradición que, según él menciona, tiene 84 años de historia, salga de los barrios de Barranquilla para contarle al mundo que detrás de un picó hay música, arte, memoria y una manera particular de vivir la alegría. 

“Yo no estoy representando a Luis Rodríguez. Yo estoy representando a mi cultura”,

expresa El Kapo, quien resalta la gran oportunidad de mostrar esta cultura al lado de una gran exponte de la música pop en el mundo como es Shakira.

 

Para el picotero, esto es un reconocimiento que difícilmente podían imaginar. Es la residencia de Shakira en Madrid, España, una de las artistas colombianas más reconocidas en el mundo y que un picó apareciera en medio de esta celebración significó. 

“Que una estrella tan grande, y más de nuestra ciudad, nos dé la oportunidad en un video de mostrar un picó… Eso nos llena a nosotros de satisfacción”,

expone El Kapo, quien destaca que incluso la propia Shakira tuvo que explicar en una entrevista qué era un picó y por qué hacen parte de la vida cotidiana de muchos barranquilleros.

  

Por su parte, Jorge Durán, quien es ingeniero de sonido y como él mismo se identifica “salsero de corazón”, encarna la manera en que esa tradición sigue creciendo y transformándose lejos de casa. Durán llegó hace cuatro años a España y allí decidió construir su propio picó.


Todo comenzó con un pequeño amplificador de bajo. Lo bautizó El Emigrante Turbo, un nombre que, según cuenta, nació precisamente de su propia historia y de la de miles de latinoamericanos que han llevado sus costumbres a otros países.

“Eso es lo que estamos haciendo: inmigrando por toda España y por toda Europa, llevando el vacile”,

expone Jorge.

 

La cultura picoteril que se ha mantenido en España

 

Jorge, ha tenido la oportunidad de llevar su picó a cerca de 15 ciudades españolas, acompañando las fiestas de las comunidades del Caribe colombiano que viven lejos de Barranquilla y que encuentran en estos sonidos una manera de regresar, aunque sea por unas horas, a la tierra que dejaron atrás.

 

Actualmente, El Emigrante Turbo se encuentra en Madrid y se convirtió en parte de esta celebración de la cultura barranquillera alrededor de Shakira.


Para Jorge, ver su creación en este escenario es también la materialización de un sueño.

Incluso ya imagina el próximo capítulo: desfilar por la Gran Vía madrileña con su picó, como si fuera la Vía 40 durante el Carnaval de Barranquilla.

 

Esta representación en Madrid, una vez más confirma que el Carnaval de Barranquilla no solo viaja con sus disfraces, sus danzas y sus músicos. También lleva sus sonidos, sus historias y esas máquinas de sonido que son parte de nuestra identidad Caribe.


El Kapo recuerda que alrededor de esta cultura también están los pintores, los carpinteros, los diseñadores y todos aquellos que convierten cada equipo en una pieza única.

“Todos juntos hacen un picó”,

comenta.

 

Y así, entre el sonido, la música y la belleza, la cultura picotera encontró en Madrid una nueva plaza para contar quiénes somos. Porque detrás de un picó hay mucho más que parlantes.

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