‘La Milagrosa’, un oasis para los niños venezolanos en el suroriente de Barranquilla

Acnur y el Secretariado de Pastoral Social de la Arquidiócesis de Barranquilla brindan entornos protectores a los menores procedentes del vecino país.

Oriana Fuentes y Jineska Daza, beneficiarias del programa Acnur - Pastoral Social.


Por: Aldira Chamorro Ojeda

Felices y aún emocionadas por haber sido protagonistas en el Desfile de la Luz, Jineska y Oriana, dos adolescentes y migrantes de Venezuela, coinciden en que es una de las mejores experiencias que han tenido en su vida, pues nunca habían ido a un desfile y ser parte de él es algo que las ha impactado positivamente.


No obstante el cansancio final, están seguras de que, de presentarse una oportunidad similar, volverían a desfilar. “Disfrutamos un montón, bailamos, gozamos, las personas aplaudían porque éramos los únicos venezolanos en el desfile”, afirman las jovencitas.


Ellas hacen parte de los 137 niños cobijados por el programa humanitario que desarrolla la alianza entre la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) y el Secretariado de Pastoral Social de la Arquidiócesis de Barranquilla, en la sede ‘La Milagrosa’ que tiene Pastoral en el barrio El Ferry.

Antonio Navarro, coordinador del programa, junto con algunos de los menores venezolanos beneficiarios.


Antonio Navarro es el coordinador de este proyecto, que busca propiciar entornos protectores para este grupo de menores, con edades que oscilan entre 3 y 15 años de edad, y que habitan en los barrios El Ferry, Primero de Mayo, Brisas del Río y Simón Bolívar.


“Protegerlos significa darles la oportunidad de que sigan siendo niños, que no estén en la calle vendiendo dulces u otras cosas, lo que les arrebata espacios para vivir esa etapa, que si la perdemos, nuca la recuperamos”, indicó Navarro.


En el marco de esta iniciativa, los menores reciben atención complementaria a través de actividades lúdicas, refuerzo académico en lectoescritura y matemáticas.

La psicóloga del proyecto, Katia Polo, indicó que a los padres de los menores se les entrega capacitación para el fortalecimiento de iniciativas productivas. También recibieron formación en manualidades, liderazgo, toma de decisiones y empoderamiento.


“Los resultados de este trabajo con los niños y sus padres ha sido muy gratificante, tenemos niños que eran tímidos, inseguros, con la esperanza y el optimismo perdidos. Con las actividades y la atención del programa, se ha logrado mitigar un poco este aspecto en los menores”, explicó.


En la sede La Milagrosa, confluyen este programas de Acnur - Pastoral Social con 137 beneficiarios, un Centro de Desarrollo Infantil (CDI), que atiende a 200 niños (100 colombianos y 100 venezolanos y la Fundación Pan y Panela, que diariamente entrega 150 almuerzo a niños del sector.

Dayana Alexandra Jacobo, licenciada en Comunicación Social, llegó de Venezuela hace 4 meses con sus dos hijas.


La Navidad


Dayana Alexandra Jacobo es licenciada en comunicación, llegó a Colombia el 7 de julio con sus dos hijas, son una de las 800 familias venezolanas que habitan en el suroriente de Barranquilla, y se han integrado a este proyecto, no solo para recibir el beneficio humanitario, también para aportar sus capacidades y habilidades a esta iniciativa de Acnur con el apoyo de Pastoral Social.


En esta sede de Pastoral Social también se preparan para recibir La Navidad. Además de realizar la novena, Dayana ensaya a un grupo de entusiastas chicos la coreografía de una gaita, baile tradicional del estado Zulia. Ese baile será uno de los actos centrales del Desayuno navideño y Novena para la Paz que los voluntarios de Pastoral Social realizarán hoy 23 de diciembre en la sede La Milagrosa.


En esta labor la acompañan Jineska, su hija y Oriana, a quien conocieron al llegar a Barranquilla. Las niñas. Además de participar en la coreografía, apoyan a Dayana guiando a los más pequeños con el baile.


“Estoy muy agradecida con Acnur y la Pastoral La Milagrosa por toda la ayuda que nos han dado, nos han tenido en cuenta para muchas cosas. No pensaba que al llegar aquí iba a recibir todas esas ayudas que nos han dado en proyectos, apoyo socioeconómico y, principalmente, la atención que brindan a los niños”.


Agregó que La Milagrosa es como un oasis para los niños quienes, no obstante el cambio de vida que han debido enfrentar, allí realizan actividades dirigidas por profesionales, mantienen una cordial relación con sus compañeros y profesores, y eso, definitivamente, los aleja de la tristeza que provoca la compleja experiencia de vida en la que se encuentran.


En esta navidad, Dayana ruega a Dios por mejores condiciones para sus hijas “El lugar donde estamos no es muy acorde para unas niñas, sin embargo, damos gracias a Dios porque tenemos salud, mis hijas se están alimentando bien y están distraídas con las actividades de Pastoral Social”, sostuvo.


Dijo, además, que a su país natal siempre lo llevan en la sangre. “Aquí nos han recibido muy bien pero el anhelo es regresar a Venezuela. Se viven momentos tristes pero hay que superarlos y más cuando se tienen hijos”, expresó.


Jineska Daza tiene 13 años, vivía en Maracaibo y cursaba séptimo grado antes de llegar a Colombia. Ella también sueña con regresar a Venezuela. “Espero que las cosas se compongan bastante para poder volver a mi Venezuela”, expresó la joven.


Oriana Fuentes, de 13 años, llegó a la capital atlanticense en compañía de su papá, su abuela y una prima. Cuando estaban en Venezuela, vivían en Anzoategui, aquí vive en el Ferry, y fue allí donde se conoció con Jineska, a través de ella se enteró de las actividades de Pastoral Social en La Milagrosa.


“Me siento muy agradecida con todas las instituciones que nos apoyan a los venezolanos y lo que más pido a Dios en estas navidades es que algún día Venezuela se acomode para regresar a mi país”, sostuvo Oriana.




Ese sentir de Dayana, Jianeska y Oriana, es el mismo de los 137 niños del programa, quienes plasman sus más fuertes deseos en el ‘Muro del Pensamiento’. Mientras esos deseos se hacen realidad, entidades como Acnur y Pastoral Social, con el respaldo de organizaciones internacionales, continúan haciendo el mayor de sus esfuerzos para ofrecer a los niños migrantes de Venezuela, esos entornos protectores que se debe garantizar a todo menor.

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