Historiadores e intelectuales conmemoran el bicentenario de la Independencia de la región Caribe

Ayer, 10 de octubre de 2021, con el seminario virtual “Bicentenario de la campaña del Caribe y la capitulación de Cartagena, 1810-1821”, diferentes instituciones, historiadores e intelectuales del país y del extranjero celebraron los 200 años de la independencia de la región Caribe. El programa incluyó seis ponencias distribuidas equitativamente en dos sesiones: “La guerra en el Caribe” y “Se aprieta el círculo”.


Castillo San Felipe de Barajas, en Cartagena.

I. La invasión de Mariano Montilla por Riohacha


Dictada por el antropólogo Weildler Guerra, esta ponencia buscó exponer las circunstancias que rodearon el desembarco del coronel venezolano Mariano Montilla en el puerto de Riohacha, en 1820, hecho que sería de no poca importancia en la posterior gesta libertadora.


Una de las principales preguntas que respondió el ponente fue “¿por qué desembarcar en Riohacha y no en ningún otro sitio?”.


Las razones fueron múltiples:


1. Para obrar contra las provincias de Maracaibo, Santa Marta y Cartagena en combinación con las tropas que se encontraban en la Nueva Granada.

2. Por la debilidad de las fuerzas realistas que se encontraban allí.

3. Por la posición clave de Riohacha, que equidistaba de Santa Marta, Maracaibo y el Valle de Upar. Cualquiera de las tres ciudades podía ser un objetivo.

4. Por las divisiones internas y la poca popularidad del gobernador español José Solis, todo lo cual había sido puesto en evidencia por las aventuras del general escocés Gregor MacGregor.



II. La campaña del Bajo Magdalena


¿Desde dónde parte nuestra campaña independentista? En Santa Cruz de Mompox, afirma la docente Cruz María Campo.


Algunos antecedentes de esta campaña fueron el cansancio de los momposinos por los altos impuestos de los españoles, las injusticias en el pueblo, el desprecio hacia los criollos, los maltratos hacia los indígenas esclavos. Esto generó gran tensión entre los habitantes de la Villa y España hasta el punto que empezaron a desatarse roces y desavenencias.


El escenario de la independencia en la costa Atlántica empezó, de hecho, el 6 de agosto de 1810, cuando el puerto de Mompox declaró su independencia, que resultó costosa en vidas.


El 19 de octubre, esta ciudad fue atacada, marítima y terrestremente, por 400 hombres realistas embarcados en siete buques de guerra y cinco de transporte. Los momposinos, de espíritu valeroso, opusieron resistencia y lograron poner en fuga a las fuerzas españolas. A raíz del triunfo, el gobierno de Cartagena le otorgó a Mompós el título de “ciudad valerosa”.


De aquella época es este fragmento del poema que les enseñan a los niños momposinos en las escuelas del pueblo:

“Aquí yacen los patriotas

del 19 de octubre

cuyas cenizas hoy cubre

esta Cruz que el viento azota,

Allí sufrieron derrota

las huestes del rey Fernando

que huyeron pero dejando

a los suyos también tendidos

con los Criollos confundidos.

La Cruz los está guardando”.


III. Recuperación en Barranquilla


Aquí, Jorge Villalón, secretario Académico de la Academia de Historia de Barranquilla, se ocupó de presentar el papel de Barranquilla en la Independencia de Colombia. La tarea reviste dificultad, pues en plena guerra, el 25 de abril de 815, Barranquilla fue incendiada y los documentos que debían arrojar claridad sobre los acontecimientos se quemaron.


La historia política y administrativa de Barranquilla empezó el 7 de abril de 1813, pero solo duró hasta abril de 1815, cuando fue atacada por las tropas españolas desde Santa Marta. Los atacantes, según se sabe, contaban con 400 infantes y 8 barcos cañoneros.


Al mismo tiempo que los españoles se preparaban para asaltar a Barranquilla, Bolívar abandonaba Bogotá con el fin de atacar a Santa Marta. Cartagena, sin embargo, le negó el apoyo y le prohibió el paso. Con esta disposición, Barranquilla y los pueblos ribereños quedaron expuestos al ataque de los peninsulares. A las 11 de la noche del 25 de abril, Barranquilla ya estaba en manos enemigas.


La recuperación empezó el 12 de marzo de 1820, con la toma de la plaza de Riohacha por parte de Montilla, que, acompañado de más de cien hombres, se tomó el fuerte de Sabanilla.


Barranquilla fue liberada de manera definitiva del dominio español el 12 de junio de 1820.



IV. La batalla de Ciénaga


Después de la Batalla de Boyacá, reconectar las dos provincias que conectaban con el océano Atlántico: Santa Marta y Cartagena. Bolívar sabía que tal empresa no podía empezar en Cartagena, que, como los antecedentes lo señalaban, era una fortaleza inexpugnable. Había que iniciar por Santa Marta. El plan, así, era el siguiente: ganar el control del río Magdalena, tomar Santa Marta y, posteriormente, bloquear Cartagena, para luego partir y emprender la campaña contra Maracaibo.


Los coroneles atacantes fueron Lara, Carreño, Carmona, Córdova, Maza, Padilla y el almirante Brión, quienes asaltaron la provincia desde diferentes frentes. Este abordaje ubicuo fue fundamental para el éxito de la invasión.


La Batalla tuvo lugar el 10 de noviembre de 1820 y fue una de las más cruentas de la Independencia: dejó cerca de 700 muertos, la mayoría de los cuales fueron indígenas que combatían para los realistas: hubo más muertes que en las batallas del Pantano de Vargas, Carabobo, Junín, Bomboná y Boyacá.


La ponencia de este episodio tan decisivo como poco estudiado estuvo a cargo de Carlos Rodado Noriega, ingeniero, economista y político sabanalarguero.


V. Los ejércitos republicanos en el Sitio de Cartagena


Para su exposición, el historiador francés Clément Thibaud utilizó una parte de su tesis doctoral, titulada “República en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y Venezuela”.


Algunos aportes de Thibaud incluyeron la comprobación del crecimiento del ejército republicano durante la gesta independentista, que en el curso de poco más de una década pasó de 10.500 a 30.000 hombres, número que arroja el censo de 1823.


En cuanto al origen geográfico de los hombres, habló de una americanización progresiva del ejército. El número de criollos, según mostró el historiador, superaba el de los peninsulares en 1780, para estabilizarse en 1800 en el siguiente reparto: peninsulares, 34%; criollos, 60%; extranjeros, 3,5% venezolanos.


En lo que hace a sus profesiones, a través de la muestra de un grupo de desertores del Paya reveló que la gran mayoría de los soldados eran labradores, seguidos en número por los jornaleros. En menor cantidad, había también sombrereros, carpinteros, herreros, entre otros.


VI. Lo naval y portuario en el Caribe


Durante su presentación, Jorge Elías Caro, director del Grupo de Investigación “Historia Empresarial y Desarrollo Regional de la Universidad del Magdalena, compartió con los asistentes al seminario algunas revelaciones extraídas de una serie de cartas de la época, recabadas a su vez de archivos nacionales y extranjeros, para hacer un análisis de las relaciones político-militares que se establecieron entre Santa Marta y La Habana durante el proceso independentista.


Caro señaló como ejemplar este fragmento de una carta de 1821 remitida por el capitán general de Cuba:


“Cada vez que el enemigo nos busca, encuentra escarmiento. Dígalo, pues, la última acción que tomamos contra los enemigos en marzo pasado”.

Esto indica que, incluso en marzo de 1821, todo el apoyo que venía por mar para el caribe neogranadino estaba en guerra naval.


“Hoy estamos conmemorando a Cartagena”, dijo Caro, “pero hay que ver qué estaba pasando allí, pues a esas alturas aún se estaban dando batallas y hubo muchos muertos”.

El docente también señaló que la historia de la independencia adolece de una centralización excesiva y, en consecuencia, el papel del Caribe y su mar para lograr la emancipación se ha desdibujado. “Eventos como estos intentan corregir este defecto”, terminó Caro.