El rey con acordeón de papel: 5 anécdotas curiosas para conocer a Egidio Cuadrado

Cuando un periodista desconocido le pregunta cómo está, Egidio no solamente responde “bien”, sino que, como si se tratara de un pariente o un amigo de muchos años, le revela detalles sobre su salud o le habla de sus días de reposo en la finca de Villeta.

Egidio Cuadrado en concierto. Foto: Cortesía de Egidio Cuadrado

Esa familiaridad no solo la muestra en la expansión de su charla, sino que además la pide en el trato. Egidio conoce decenas de países en múltiples continentes y reside desde hace 44 años en Bogotá, pero todavía conserva el acento y el desempacho de cualquier villanuevero. Cuando ese mismo periodista le dice por segunda vez “señor Egidio”, él lo corrige: “Dime ‘compadre Egidio’. Yo soy tu compadre y tú eres mi compadre”.


Tiene 68 años, trabajó en la Contraloría del 77 al 81, fue Rey Vallenato en el 85, actuó en una telenovela exitosa en el 91, sacó el primer álbum con Carlos Vives y La Provincia en el 93, grabó con Julio Iglesias en el 95, hace poco los Latin Grammy le dieron un premio por su legado, y, como era de esperarse, su vida está llena de anécdotas curiosas que pueden decir acerca de él tanto como el recuento de los hitos de su biografía.

Aquí, cuatro de ellas:

  1. El acordeón de papel

Egidio nació sietemesino y creció sin hablar, por lo que hasta los siete años, que fue cuando atinó a pronunciar su primera palabra, se hizo entender por señas. Si bien no hablaba, escuchaba mucha música, sobre todo rancheras. Su primer acordeón fue uno de papel que fabricaba arrancando la hoja del medio de un cuaderno y que se colgaba en el cuello con una cabuya de plátano.


Aburrido de su instrumento de origami, a veces el pequeño Egidio agarraba sin permiso el acordeón real de su hermano Hugue, quien al descubrirlo en sus andanzas le pegaba coscorrones. Fue entonces cuando doña Cristina Hinojosa, madre de ambos, decidió regalarle a Egidio su primer acordeón de teclas. Tenía 6 años.


  1. “Compadre ‘Gallito’, usted canta es bien”

A raíz de su coronación en el Festival de la Leyenda Vallenata, Egidio empezó a relacionarse con personajes de la élite colombiana. Un día, mientras tocaba en una fiesta para los Santos, Carlos Vives llegó con Margarita Rosa de Francisco, que era su pareja en aquel entonces.


Egidio convidó a Vives a tocar dos canciones: “La casa en el aire” y “Ausencia”. Al final, le dijo al samario: “Compadre ‘Gallito’, usted canta es bien. ¡De pronto de un momento a otro nos enganchamos los dos!”. Cuadrado y Vives no solo se engancharon: tienen más de 30 años tocando juntos.


  1. Gene Simmons en el ascensor

En 1995, Egidio y Carlos Vives estaban en Buenos Aires promocionando su nuevo disco, La Tierra del Olvido. A la entrada de un ascensor, se cruzaron con Gene Simmons, bajista y colíder de la banda de hard rock KISS, que estaba en medio de la gira Worldwide Kiss Convention.


Simmons se hizo una foto con los artistas colombianos; cada uno sostenía el disco del otro. Cuando el rockstar desapareció, Egidio preguntó quién era. “Gene Simmons, de KISS”, respondió Carlos.


Egidio, que no sabía de quién diablos le estaban hablando, siguió su camino sin prestarle mayor importancia al encuentro.


  1. Perdido Vol. 1: Nueva York

En una de las tantas veces que han estado en Nueva York, Carlos Vives fue a comprar algo a un supermercado cercano al hotel donde se hospedaban. A través del cristal de las paredes vio pasar a un hombrecito de sombrero vueltiao y mochila arhuaca cruzada en el pecho. Era Egidio.


Carlos salió del supermercado y corrió tras él, pero, antes de que pudiera decirle algo, el acordeonero le dijo: “Compadre Carlos, ¿usted también está perdido?”.


  1. Perdido Vol. 2: Barcelona

No fue la última vez que se extravió. Hace poco, durante una gira que los llevó a Barcelona, Egidio volvió a salir del hotel, esta vez a comprar el plato que siempre busca cuando visita España: paella. Vio un afiche con la foto de él mismo y Carlos Vives y entonces pensó que sería buena idea tomarlo como referencia para encontrar el camino de regreso. Lo que no sabía era que Barcelona estaba repleta de esos afiches y que en cada esquina había uno idéntico. Egidio tardó en encontrar el hotel, pero por lo menos, durante la búsqueda, tenía el estómago lleno de paella.