El desempleo y la informalidad: una realidad palpable

3 historias en la que se condensa un panorama latente en el Centro Histórico de Barranquilla.


Vendedor informal en el Centro Histórico de Barranquilla // Fotografía: Ángela Pertuz


Por: Ángela Pertuz


Cuando el reloj marca las 6 a.m, el Centro Histórico de Barranquilla apenas viene despertando; el sol se asoma y el frío de la madrugada aún está en el ambiente cuando el vendedor de tinto va caminando las calles dando los buenos días con sus termos cargados de calor, a quienes apenas van abriendo sus puesto de trabajo informales.


Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, Dane, el desempleo en Colombia subió al 10,5 % en 2019, 0,8 puntos más frente al 9,7 % de 2018, por lo que la cifra de población desocupada en 2019 ascendió a 2,6 millones de personas, un 8,7 % más, 209.000 personas, respecto al año anterior.

Es decir, La tasa de la población ocupada en Colombia se ubicó en el 56,6 % en 2019, lo que significa una reducción de 1,2 puntos porcentuales respecto al 57,8 % del año anterior, panorama nada alentador para la ciudadanía.


Son centenares de personas quienes le sonríen a la vida en medio de la adversidad, sacando su puesto de comida, de verduras, o del típico patillazo a las calles. Ya para el ciudadano resulta común ver preparando a la mitad de la calle la limonada que recorre el centro en un cubículo de vidrio cuando el sol está en su máximo punto.


Sin embargo, en Barranquilla, y más en el Centro se ve dos tipos de comercios; el formal, en donde personas se vinculan a almacenes o a restaurantes, con sus prestaciones y un salario estándar y está el informal.


Vendedor informal en el Centro Histórico de Barranquilla // Fotografía: Ángela Pertuz


En el informe entregado por el Dane, se registra que las ciudades con más desempleados en el último trimestre del año 2019 fueron Quibdó (18,9 %), Ibagué (17,6 %) y Valledupar (15,9 %). Mientras las urbes con las menores tasas de desempleo fueron Cartagena (6,7 %), Barranquilla (8 %) y Pereira (8,3 %), pero en el Centro Histórico de Barranquilla habla por sí solo.


Pues el fenómeno de la informalidad viene creciendo, y que cada día va cobrando nuevas vidas, como lo asegura un vendedor informal “esto tiene sus aspectos buenos, pero también los no tan buenos ya que somos nuestros propios jefes, disponemos del tiempo y las ganancias, pero no tenemos una seguridad social, no cotizamos para una pensión y los ingresos son por debajo de un salario mínimo y podemos trabar más de 12 horas al día los 7 días de la semana”.

En RegiónCaribeORG conocimos la historia de 3 vendedores informales en el Centro de Barranquilla, quienes desde su labor enfrentan con unas condiciones laborales sin garantías.


Fotografía: Ángela Pertuz


Juan, Darío, Álvaro, cada uno de ellos, llegó al centro en busca de recursos para sus hogares.


Darío, llegó desde Medellín a los 45 años y hoy con 60 años es reciclador, recoge los cartones que desechan los centros comerciales, los reúne y los vende a una recicladora. si el día es muy bueno puede estar llevando a su casa 30mil pesos, pero cuando no lo es, apenas si se toma un vaso de sopa en el almuerzo. Con lo que ganan viven sus dos hijos, uno de 7 y otro 9, y su esposa quien sufre de Diabetes.


Álvaro, conocido como el Barba, tiene 12 años trabajando en el Centro y es tornero, debajo de un árbol todos los días se sienta. Con su banco, extiende una tela y sacas los encargos que tiene en cuanto al arreglo de relojes, como asegura al mes, si le va muy bien. puede estar ganado 600mil pesos, pero con ello tiene que cancelar diariamente 3 cobra diarios y mantener a una familia, compuesta de su esposa, su hija y 4 nietos.


Juan, lleva 19 años en el centro, en un principio vendía bolis y hoy día vende gaseosa y cervezas en un taque en plena calle, sus ingresos no sobrepasan el salario mínimo y con el mantiene a 3 hijas, 2 mellas de 10 años y una de 16, quien pronto sale del colegio y desea ingresar a la universidad.


3 historias que hacen eco en las personas que diariamente luchan en el Centro Histórico, como ellos, personas de todas partes de Colombia llegaron en busca de un mejor futuro, al ser, desplazados o porque nunca tuvieron el acceso a la educación, pero quienes pudieron, el desempleo les tocó el hombro.


Según el Dane, el año pasado cerró con 2.398.000 personas que buscaban un puesto de trabajo en todo el país, de ellas, conocimos a Mónica, una joven de 22 años graduada como tecnóloga en Procesos Administrativo en el Sena y no ha podido conseguir un trabajo “todos los días busco vacantes, envió mis hojas de vida por correos, pero no consigo un empleo y lo necesito” expresa Mónica, después de estar un año buscando empleo.


Ella aún no tiene hijos, vive con sus padres y su responsabilidad no es mayor a la de aportar al hogar, pero que pasa con la madre cabeza de familia que tiene que responder por sus hijos y por su hogar, pero por su edad no encuentra un empleo.