Desde Ibagué para Barranquilla, en su Carnaval

En medio del Carnaval de Barranquilla, comerciantes de todas partes de Colombia llegan en busca del pan para su familia.



Barranquilla es cuna del uno de los mejores carnavales de Colombia, en ella coinciden culturas que exaltan la esencia Caribe, desde las que nacen a la orilla mar, como aquellas que brotan en la rivera del río, siendo también punto de referencia para personas de todas partes del mundo.


En Carnavales, las calles se atiborran de un comercio informal que brinda un aditivo sin igual a estas fiestas; está quien se arma de una cava y camina las calles ofreciendo bebidas, como aquella madre cabeza de familia que desde la madrugada preparan los pasteles que exhibidos en una mesa en plena vía sacian el hambre de quienes disfrutan estas fiestas, a diferencia de quienes cubren de sol pues ellos vienen desde muy lejos para engalanar a propios y turistas.


Fabián en su puesto de trabajo // Fotografía: Ángela Pertuz


Para la mayoría, su travesía inicia desde la ciudad de Ibagué. Desde ahí inicia su travesía, pues cargan en sacos, sombreros de todo tipo emprendiendo un largo viaje por carretera, como expresa Fabián, vendedor, a un cliente en plena faena comercial “Mire lléveselo, por el precio de 25.000 pesos, - Cuando costaba 35mil - no importa, necesito venderlo para llevar menos carga en el bus, los choferes se ponen pesados después


Y es que son alrededor de 70 – 100 sombreros con los que cargan, en el caso de Manuel, ejerce este oficio porque el fenómeno del desempleo tocó a su puerta y en estos carnavales se ha venturado a ver que lleva a casa, Pero Fabián a echo de este oficio su razón de existir, viaja por los festivales de Colombia y hace 8 días aterrizó en Barranquilla.


En tono campante, dice, “yo le respondo lo que quiera, pero venga, y echese a un ladito que tengo que vender”, pues como expresa, este negocio deja ventas si es el turista es quien compra, porque el propio lo quiere muy barato, con eso de las rebajas.

Parece que esto del comercio lo llevará en la sangre pues con tal fluidez en vuelven al cliente y hace que se lleve cualquier cosa. En plena conversación llegaron alrededor de 3 personas y las 3 se llevaron algo, pues con su tono de voz pasivo, pero con una sonrisa de la boca se gana a quien llega.


Su lugar de trabajo es una estructura de madera copada de arriba abajo de sombreros de todo tipo “este sombrero costeño es de Córdoba, las pavitas las hace mi cuñada y estos sombreros blancos son del valle” asegura Fabián, en el fondo como tapado el sol están los ponchos y en cada orilla, colgados jarrones tradicionales envueltos en cuero.


Expresa que el Carnaval solo es un pretexto para conocer el mar, venir con la familia y compartir, claro, cuando se haya vendido más de lo previsto; Sin embargo, con el fin del carnaval de Barranquilla, Riohacha lo espera, pues en esto del comercio se “disfruta” mientras se vende