De ‘El Mono’ a #Todomono, un sueño con sello caribe

Foto: Johnny Insignares

Autor: Andrea Hasselbrinck


Amarilla, así como las mariposas de Mauricio Babilonia en Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez, es el color de la icónica mecedora que se encuentra afuera de la Casa Todomono, el hogar de Johnny ‘El Mono’ Insignares y Fernando Vengoechea, los creadores de lo que alguna vez fue el sueño de dos jóvenes amantes del caribe y hoy es una realidad tangible y digital.


Así vengas de viaje y aterrices en el Ernesto Cortissoz, visites el centro comercial Buenavista, pases a pie o en bus por la Calle 51 o estés en Miami (Florida) puedes encontrar un Expreso Todomono o la Casa Todomono, lugares donde se comercializan los productos creados por estos emprendedores caribe.



Foto: Todomono

La famosa mecedora amarilla hoy es un referente turístico en la ciudad, gracias a la creatividad y habilidad del fundador del proyecto, ‘El Mono’ Insignares, quien puede plasmar la cotidianidad de Barranquilla en una camiseta o en un accesorio, o hacerte vivirla a través de su festival ‘No Conocí el Palma’, con el que busca resaltar, salvaguardar y compartir una de sus pasiones: la arquitectura y el patrimonio de Barranquilla.


Es la necesidad de rescatar la tradición y ofrecer a las nuevas generaciones la oportunidad de disfrutarla lo que da vida a este festival: “El Paseo Bolívar, escenario de transición y olvido, motiva la creación del Festival No Conocí El Palma. Como ciudadanos nos arde no haber disfrutado de esta joya de la arquitectura, nos duele no tener incidencia en la transformación de Barranquilla. El Festival busca generar conciencia sobre el valor de nuestro patrimonio, acercarnos más a la ciudad y vivirla desde otras ópticas.”, afirma Johnny.


‘El Mono’, un amante de Barranquilla y sus alrededores, en 2006 materializó la esencia barranquillera en unas camisetas, dando inicio a lo que tiempo después sería uno de los emprendimientos culturales más reconocidos del Caribe. Sin embargo, para él el proyecto nació años antes, cuando “en el año 98, luego de leer el libro de Alfredo de la Espriella ‘Barranquilla de Cabo a Rabo’ para una clase de español en el colegio. Creo que de allí se me despertó este gran amor y pasión por conocer la historia de esta bella ciudad”.


¿Qué hace tan especial una camiseta? ¿Por qué no otra cosa? Como comunicador social, su idea era comunicar la historia de la ciudad de una forma atractiva, algo así como ‘menos es más’. Es por esto que decide diseñar en camisetas para que cumplan la función de una valla publicitaria ambulante para comunicar la ciudad. Su sello es tal, que cuando se ve un accesorio o camiseta por la calle es fácil reconocer cuando es un diseño Todomono.


Nombres de buses, platos típicos, dichos costeños, la manifestación del hombre frente a su tradición y su costumbre, la cultura popular, son algunas de las musas de Johnny a la hora de diseñar, pues todo lo que está vinculado al concepto de ciudad le inspira. Quizás es por esto también que no tiene un libro favorito, pues él considera que es mejor tener una gran biblioteca de donde escoger, y como es de esperarse, la suya está llena de libros sobre cultura popular, folclor latinoamericano y temas relacionados con Barranquilla. “Lo que más me gusta es que tengo una gran biblioteca para cuando necesito trabajar. Tengo una consulta permanente de cualquier tema que quiera abordar”, comenta.


Sus gustos de películas y música son tan variados como los colores que usa en sus diseños: “Mi película favorita es Titanic, pero me gusta mucho el cine de terror, las películas biográficas así como la de Selena o Frida Kahlo. En la música también soy muy variado, sin embargo, me gusta lo tradicional y lo que está pasando con ella, en especial las nuevas movidas contemporáneas como lo que hace Systema Solar, Bomba Estéreo, lo neo-andino, la nueva cumbia, ese estilo entre lo nuevo y lo moderno, obviamente pasando por Lucho Bermúdez, Pacho Galán, la Fania, Nelson Pinedo, la Sonora Matancera. Todo eso me gusta”.



Foto: Johnny Insignares


Aunque muchos lo consideran como un pelao’ que le “da duro” a la alcaldía, esa imagen es la que menos quiere él, pues considera que “Yo lo que menos quiero es que digan que yo soy un criticón; más bien, uno como ciudadano debería ser crítico ante la ciudad en la que estás viviendo, en especial, yo que me considero un gestor cultural y un hacedor de ciudad, precisamente generando espacios para hacer ciudad. Mi invitación siempre ha sido a ser críticos ante lo que sucede, ver otras versiones y verdades. A fin de cuentas la alcaldía trabaja es con lo público, entonces es algo que nos concierne a todos. Además, creo que la sociedad civil no debe esperar a que sea la alcaldía la que haga todo, también pueden participar en pro de hacer cosas interesantes para la ciudad.”.


Toda su vida ha permanecido en la zona de Norte-Centro Histórico, entre los barrios Boston, Bellavista y Prado, donde Johnny y Fernando viven actualmente, muy pegados al río donde puedan tener un rango para caminar cómodamente de sus casas al trabajo, teniendo la oportunidad de ver todos los días una nueva forma de despertar a esos barrios tradicionales que tanta historia albergan dentro y fuera de sus paredes.


“Yo nací en una casa en la Murillo, a la vuelta del cementerio El Universal y el Asilo San Antonio, donde quedaba la antigua casa de mi abuela. Luego, pasé al barrio Modelo con mi mamá y mi papá. A los 3 años nos mudamos para una casa en el barrio Boston, donde viví y me crié toda mi vida, donde me jugaba y me bañaba en el arroyo de la 47 cuando uno se podía meter y no se lo llevaba el agua” comentaba jocosamente ‘El Mono’, a lo que continuaba diciendo que “caminando siempre hacia el parque Los Fundadores y el Santander como puntos de encuentro para hablar y jugar con los amigos, con el parque Las Américas en la esquina de mi casa. Fui un pelao’ muy de barrio, hoy en día vivo cerca de la casa de mis papás, por acá por Bellavista. Creo que esta siempre va a ser mi zona y no quiero salir de aquí”.


Johnny se define como alguien terco, lo que, para bien o para mal, es algo que ha jugado un papel fundamental en toda su vida. Quizás, esa terquedad se ha convertido en la disciplina y constancia que han impulsado a Todomono, y en inquietud por el conocimiento, pues no le bastó con su título de Comunicador Social y Peroodista, sino que ha cursado varios diplomados nacional e internacionalmente relacionados con diseño de modas, diseño gráfico y comunicación, una especialización Administración Cultural, y actualmente está realizando una maestría en la Universidad Tecnológica de Bolívar sobre Cultura y Desarrollo.


Al momento de egresar de la universidad ‘El Mono’ no tenía nada de esto planeado. Las camisetas estaban en un segundo plano mientras él se dedicaba a trabajar, : “Hasta que nos ganamos el premio de Lápiz de Acero en el 2009, y el Logosímbolo del Carnaval en 2010. Allí la cosa iba más seria. Por eso en el 2011 abrimos la tienda ya firme para trabajar y atender a la gente, ya teníamos un espacio al que llegar y seguir elaborando el concepto de lo que es Todomono, y ver florecer lo que ha nacido de todo eso como la tienda La Popular, cuando abrimos en Miami, el festival de No Conocí El Palma, trabajar de la mano de proyectos como Cucayo, hacer parte de los diseños de imagen de Sabor Barranquilla desde hace 11 años o diseñar Carnaval. Siempre me pregunto: ¿cómo puedo superar lo que hice el año pasado?”


No ha sido solo la historia de la ciudad sino la suya propia y la de Fernando, lo que ha inspirado sus creaciones: “Creo que mi familia ha influido mucho en todo esto, pues varias de las colecciones que hemos sacado están inspiradas en la casa de mi abuela, los pisos, las mecedoras, los cuartos, los patios, las matas, la arquitectura, el barrio, hasta los vendedores ambulantes. Hay un gran legado familiar en Todomono, tanto Fernando como de la mía. Obviamente que los papás quieren que uno tenga un trabajo estable, pero siempre han confiado en mí y saben que hay una parte de ellos en todo lo que hago y en mí, porque tengo tatuado el piso de la casa de mi abuela, la mecedora donde murieron mis bisabuelos y donde ahora se sienta mi abuela, entonces considero que siempre los llevo conmigo y que hay una gran carga de familia y memoria se ve reflejada en lo que es hoy Todomono y ‘El Mono’” comentó Johnny Insignares.


Tanto para Fernando como para Johnny, Todomono es siempre un reto emocionante, que los enfrenta con la necesidad de reinventarse cada día para estar acorde con la nueva generación de barranquilleros que además también están haciendo cosas interesantes en la ciudad. “Ya no somos novedad, hay que ver cómo le hablamos al nuevo público, cómo lo seducimos, cómo reinventamos Todomono y dejamos nuestra huella en el tiempo” comenta Insignares.



A ‘El Mono’ le hacen sonreír muchas cosas, la tranquilidad, el trabajo bien hecho, la cultura autóctona, la tradición, cumplir sus objetivos, o cuando la gente los ve y los saluda identificándolos por su trabajo. “ Una de las vainas que más me gustan es cuando uno sale y ve a la gente con nuestros productos puestos, cuando vas por la calle y la gente te grita ‘Hey todo mono!’, en especial cuando estamos fuera del país, que la gente note lo que hacemos y le estén copiando a nuestras cosas, que les guste, eso me incentiva a seguir haciendo esto, que la gente también vea a Barranquilla como una inspiración para hacer cosas en pro de escucharla y que otras personas la escuchen también”


Ya van a ser 13 años de Todomono en noviembre, y Johnny está visionando la próxima página de la historia de su proyecto, soñando con crecer y generar empleo para jóvenes creativos como ellos: “Desde que Fernando se unió al proyecto en el 2008, siempre hemos sido los dos. Desde que llegó estamos pensando siempre en crecer, ser una empresa icónica como las otras de la ciudad, que Todomono marque una pauta con su trayectoria para llevar lo local de muchas maneras a otras partes sin perder nuestra visión creativa. Ser generador de empleo, tal vez incluir más gente sin dejar de estar al frente del proyecto y sin perder el norte o el horizonte de la marca, porque a veces siento que con tantas cosas pierdo un poco el rumbo y me toca aterrizar para continuar con lo que en un principio soñé”.