Barrio Abajo, más allá de un color, un espíritu recuperado del costeño.

Actualizado: 18 de ene de 2019

Autores: Eyleen Santiago H. y Alejandro Matías A.


La mirada del barrio desde una veterana de 67 años orgullosa de ser ‘barrio abajera’, que nació, se crió y aspira a morir en su hogar.



Sucede que en un barrio repleto de personas practicando juego de antaño, como la bola e’ trapo, y paredes bañadas con colores y dibujos por doquier, es irreconocible a lo que era hace 67 años para Ana María Aguilar Olivo, una ‘barrio abajera’ de pura cepa.

Ella, quien antes de tener el cabello blanco y arrugas en el rostro, ha visto cambios drásticos, unos esplendorosos y otros no tanto que ha tenido Barrio Abajo, en especial, la carrera 50, los alrededores donde vive.


La mujer morena, con su cabello tan blanco como un copo de nieve, con tan pocos vestigios de la cabellera negra que en su juventud portó. El resultado de su edad y experiencias, quien aún conserva esa lucidez para contar anécdotas del popular Barrio Abajo y recibir a sus vecinos y extranjeros que caminan el sector.


De gris a color hay una lata de pintura en el medio

Lo que se ve en este pedazo de la Puerta de Oro de Colombia, es irreconocible ante los ojos de Ana María, porque no siempre fue así. Ella cuenta que Barrio Abajo fue lugar de familias pudientes de la ciudad como lo fueron Los Char,, actuales líderes en casi todos los ámbitos de la Costa; los Abuchaive, la pudiente familia de médicos.

Estos últimos, quienes caminaron, criaron y vivieron por estas partes, fueron cambiando de residencia como cambiaban de calzoncillo, y procrearon una estrecha amistad con la señora Ana, que después de mucho tiempo se mantiene hasta los amaneceres del barrio repleto de grandes empresas.


Fueron ellos, como los ingenieros SAS Echeverria Gonzalez y Asociados, Los Mafles, que tiñeron de colores básicos, con los abultados camiones repletos de artefactos de construcción que convirtieron el barrio más gris de lo que se encontraba, en especial la casa de Ana, que era gris como las calles de la avenida, y una palmera que estaba creciendo dentro de su pequeño hogar.


Aunque fue la llegada de ‘Killart’ en su versión 2017 para colocarle fin al monocromático espacio de la 50. Ellos recobraron la vitalidad a todas las generaciones ‘barrio abajeras’, impulsando a seguir este evento de cerca, incluso ser parte de ello.

Lo que estos graffitis hicieron fue ser el apuntador de ubicación en el GPS de propios y extranjeros con la reciente versión de ‘Killart’, Barrio abajo es más que carnaval y graffitis. Dando lugar también la celebración del 204 cumpleaños de la arenosa, cargados de sucundún, baile, alegría y diversión.


La mujer de corta estatura y una sonrisa que parece la luna, fue una de las primeras quienes dieron paso, permiso, pasaporte y sello a la cara del barrio para que comenzaran a trabajar en su casa con los graffitis.


La señora Ana, quien además es un ícono del Barrio Abajo por ser una de las más veteranas del sector, recibió con esa idiosincrasia propia del costeño de ser cálido y hospitalario a Joyce, la chica que cambiaría la vida y el ambiente de su hogar por completo.


Con su gran personalidad, tan cariñosa y alegre como siempre, recibió a la chica alta, morena, con el cabello rizado y unos lentos de los años 80, que era graffitera de profesión.

Cuando la joven, quien basa su arte en paisajes sonoros que demarcan el estudio en el Caribe colombiano, llegó a su hogar, le dijo:

“si vas a pintar en mi casa que sea algo bonito, algo que tenga que ver con cultura”

Y quién diría que aquella chica crearía uno de los graffitis más llamativos y representativos de todo el sector, al llenar de azul el fondo, junto a una combinación colores oscuros, hojas de plantas, y, en especial, la representación cultural de, ”Negra Soy”, como lo titula con tres bellas mujeres de tes negra, cabellos rizados y sensacionales turbantes, con un espléndido azul y un sutil estampado, además de esas facciones prominentes de los negros y hermosos labios carnosos en color fucsia, amarillo y naranja que lo distingue de los demás.


Esto permitió ratificar el nombre de negra soy que Joyce la gran artista ha titulado al mural y con un simbólico mensaje que dice: “ Y voy a reírme de aquellos, que por evitar - según ellos- que por evitarnos algún sinsabor - llaman a los negros gente de color ¡Y qué color! Negro ¡Y que lindo suena! ¡Negra Soy!.


¡Otra colombianada en Barrio Abajo!

La ‘casita’ de Ana María, que está ubicada en toda la vía de la 50, reconocida entre las calles que una vez fueron grises, atenuadas a lo que normalmente se ve en la ciudad de Barranquilla, por la venta de unos exquisitos fritos quilleros de carne, pollo y una peculiar combinación de butifarra con chorizo.


Pero más allá que la reconozcan a ella en el barrio, su madre, Francia Olivos, fue aún más popular. Ella, quien hoy en día se encuentra en la boca en más de un morador del Barrio Abajo, la recuerdan con cariño y también es parte de todos, además les dejó un legado del labor culinario a su sobrina, Sandra.


Sandra, quien se dedica incluso a los domingos con el arduo trabajo para alimentar a las personas de los alrededores, pero mucho más a los que se encargan de recobrar la vitalidad a todas las generaciones ‘barrio abajeras’ cuando el sol se despide por la Murillo y saluda la luna por la recobrada Aduana de color amarillo y se posa para disfrutar del famoso juego de ‘Bola e’ trapo’.


Se arman los dos equipos 8 pa’ 8 regularmente, la adrenalina va corriendo con las venas de los deportistas de bola e’ trapo; y el deleite por los más pequeños , amas de casas, demás jóvenes y viejos, quienes se deleitan y meriendan viendo el encuentro deportivo en vivo y en directo.


En el asiento VIP, “El Bordillo”, en 3D más real no puede ser, ya que se debe estar muy pendiente, porque si no lo estas puedes terminar calinchao’ con la bola e’ trapo.

Estos ‘deportistas’ uniformados, con zapatos amarrados como el ‘Pibe’, otros a pie pelao’ como lo hacía Teofilo dentro de sus juegos en la Chinita; unos en camisilla; y otros prefieren retar al sereno y sudar sin camiseta con tal de hacer parte del grupo. Con los propios marcos definidos por dos ‘peñones’ grandes de cada lado y que ¡comience el juego caballeros!


Una vez más reinaba el jolgorio, alegría y sabor de la idiosincrasia costeña que se había perdido en ese barrio, que ahora se encuentra repleto de colores, juegos, comida , y personas recobradas con el verdadero espíritu de Barrio Abajo.