40 años del Nobel, 40 años orgullosos de Gabo

Ya han pasado cuatro décadas desde aquel 21 de octubre de 1982 cuando el escritor más querido de Colombia fue galardonado con el premio más prestigioso del mundo: el Premio Nobel.

Gabo recibiendo su Premio Nobel, 1982. Foto: Fundación Gabo.

Escritor, guionista, editor y periodista, querido por muchos y seguido por otros, ese fue Gabriel García Márquez, Gabo o ‘el nobel colombiano’, como también es conocido.

Hijo de Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga Márquez, Gabo creció en el seno de un hogar humilde en su natal Aracataca, Magdalena, donde nació un 6 de marzo de 1927 y permaneció sus primeros años de vida viviendo en compañía de sus abuelos maternos.

Gabriel García desde siempre fue brillante, o así lo descubrieron sus allegados. Fue un niño curioso, inteligente y con “hambre de aprender”. Tuvo mucha influencia de su abuelo, Nicolás Márquez. Él fue un hombre ‘de guerra’, fue coronel y veterano de la guerra de los mil días y se convirtió entonces en uno de los principales referentes de quien en aquel entonces era solo un niño, y años más tarde se convertiría en orgullo nacional.

Gabo y su abuelo duraban largas horas conversando. Nicolás Márquez solía relatarle sus mayores aventuras, historias que Gabriel disfrutaba de principio a fin, y quizás, solo quizás, allí comenzó a crearse entonces esas grandes y maravillosas ideas literarias que se quedarían tan plasmadas en la mente de todos los hispanohablantes.

No es que a García Márquez lo haya leído todo el mundo, pues sus particulares historias suelen ser apreciadas generalmente por los verdaderos amantes a la lectura, académicos y literarios; sin embargo, la mayoría de personas saben quién es Gabriel García, y no solamente en Colombia, sino en la mayoría de países de América Latina e incluso en otros continentes del mundo.

Luego de sus primeros años con sus abuelos, Gabo fue enviado entonces a estudiar en un internado en Barranquilla, en donde inició su educación formal, precisamente en un puerto en la boca del río Magdalena. En ese sitio, Gabo adquirió reputación de ser un chico tímido que solía escribir poemas humorísticos y dibujaba tiras cómicas. Serio y poco dado a las actividades atléticas, fue apodado ‘El Viejo’ por sus compañeros de clase.

Y es que, Gabo siempre tuvo un espíritu de sabio. Su pensar iba más allá de lo literal y de lo que todos conocemos. Su mente viajaba a dimensiones que solo pocos podrán comprender y fue gracias a ese don que García Márquez alcanzaría el mayor de los éxitos gracias a su trabajo y su dedicación, pero sobre todo, gracias a su ingenio, su perspicacia y su alma antigua y llena de sabiduría.

En total, el mundo pudo disfrutar de la presencia de Gabo por 87 años, pues el 17 de abril de 2014 el nobel literario fallecería en su casa en México, donde se radicó muchos años atrás y formó su núcleo con la magangueña Mercedes Raquel Barcha Pardo.

Su nobel llegó como algo “inesperado”, pues, aunque realmente era muy factible que Gabo se ganara este premio (pues lo tenía más que merecido), realmente era “difícil de creer”. Por ello, cuando lo ganó, no pudo más sino agradecer no solo al gobierno de Suecia por premiarlo, sino a todos sus mentores, maestros y especialmente “a la poesía”, ya que, afirmó, el verdadero premio fue para este género literario.

“Confieso sin falsas modestias que no me ha sido facil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el agobiante inventario de las naves que enumeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que la empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada”, dijo el escritor durante el discurso que ofreció durante el banquete de celebración del Premio Nobel, que se realizó el 10 de diciembre de 1982.

García Márquez siempre vio la vida con otros ojos, desde otra perspectiva y con una lupa diferente a la de los demás. García Márquez marcó un antes y un después. Su precedente en esta vida será imborrable, pues lo que fue y lo que hizo quedó marcado permanentemente no solo en sus escritos, sino en la mente y corazón de todos aquellos que los leen.