278 años de la fundación de Sabanalarga: conozca por qué le llaman el “municipio ilustrado”

El municipio atlanticense fue fundado un día como hoy, en 1744.

Iglesia San Francisco de Padua, en Sabanalarga

Sobre Sabanalarga, Atlántico, corren varias consignas alusivas al presunto alto nivel de instrucción de sus habitantes. Se dice, por ejemplo, que en aquella población la más grande en extensión del departamento del Atlántico “la inteligencia es peste”, que es el “municipio ilustrado”, entre otros calificativos elogiosos.


Que se sepa, el primer registro de un juicio de estas características aplicado a Sabanalarga data de mediados del siglo XIX. En 1839, Juan José Nieto, en la Geografía histórica, estadística y local de la provincia de Cartagena, República de la Nueva Granada, descrita por cantones, declaró que esta tierra era “la ciudad del amor a la ilustración”, debido a la vocación de estudio que profesaban sus habitantes.


Allí tuvieron lugar procesos económicos en torno a la agricultura, la ganadería, el cultivo de caña y la destilación de aguardiente. Recuérdese, a propósito de esta circunstancia, que los primeros pobladores del territorio fueron un grupo de campesinos colonos que se asentaron allí hacia 1620, persuadidos por la aptitud de sus tierras para las labores de agricultura.


En 1874, José Manuel Royo, en su Nueva geografía universal, volvió a hablar de Sabanalarga en términos similares a los de Juan José Nieto. En aquella oportunidad, señaló que era un pueblo “amiga de la instrucción”.


Más específico, el investigador Arístides Manotas, en su valiosa monografía histórica sobre los orígenes de Sabanalarga, da una medida de esas sentencias y, finalmente, ayuda a comprender con cifras el apelativo.


Para 1954, según Manotas, en Sabanalarga ya había 50 abogados, 31 médicos, 3 bacteriólogos, 5 odontólogos, 9 pedagogos y un número elevado de poetas, entre hombres y mujeres.

Cuenta el investigador que en el pueblo, ya en años tempranos de la República, había torneos de versificadores de poesía espontánea. En aquellos certámenes, se reunían los cantores en las casas y, a la manera de los antiguos juglares españoles, versificaban al son de la guitarra.


Cantaban sobre historias antiguas, argumentos de novelas, astronomía, ciencias naturales y otros temas.