Mi voto por la Región Caribe
Por Horacio Serpa

Hay muchas razones para participar en el debate electoral del próximo domingo. Se trata de fortalecer la democracia, defender la Constitución de 1991, rechazar a los violentos, escoger un Congreso que se haga respetar, autónomo y admirable, extirpar la corrupción, derrotar el paramilitarismo y demostrar nuestra voluntad de seguir siendo una nación admirada por el resto del mundo.
En la Costa Atlántica, además, hay una razón de mucho peso: apoyar la iniciativa del Gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, para que sea posible la Región Caribe. La regionalización es un mandato constitucional, extraviado en los pasillos del Congreso y borrada de la agenda política nacional, dado los múltiples intereses que toca, en lo administrativo, político y fiscal.
La regionalización no se ha convertido en realidad porque tiene demasiados enemigos. En 17 ocasiones ha sido fallido el intento por convertir en realidad la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, porque surgen todos los argumentos para sacarle el cuerpo al debate, dado que su aprobación cambiaría para siempre el mapa político y electoral, y significaría el fin de muchos feudos políticos y el surgimiento de un nuevo país.
No en vano el desparecido académico y ex constituyente Orlando Fals Borda, quien dedicó sus últimos años a promover esa iniciativa, planteaba que no se trataba solo de dibujar y concebir un nuevo mapa nacional, sino de hacer realidad la autonomía regional y sembrar las bases de una paz duradera, porque la guerra tiene como soporte la lucha por el territorio, el que pertenece a indígenas, afrocolombianos, colonos, campesinos.
Allí germina la guerrilla, el paramilitarismo, el narcotráfico y la corrupción en todas sus formas. Cuatro millones de desplazados forzados son, en mucho, resultado de esa ausencia de un nuevo ordenamiento territorial. Su retorno y su encuentro con la paz, pasa por una ley de ese tipo.
El ex constituyente y gobernador Verano promueven un Caribe autónomo, integrado por ocho departamentos, participativo, deliberante y consciente de sus fortalezas y debilidades, capaz de afrontar el futuro y de demostrarle al resto del país que es posible gobernar con altruismo, para la gente, con pulcritud y decencia, con responsabilidad y sentido patriótico. Con visión regional, con alma caribe.
Debe apoyarse esa consulta popular, que será un manifiesto político dirigido al próximo Presidente y al Congreso que estamos ad portas de elegir. No podemos seguir aplazando el debate del ordenamiento territorial, tan fundamental para el futuro de la Nación. Los candidatos presidenciales tienen que tomar nota de este asunto.
Tampoco podemos ignorar que el país está viviendo un reverdecimiento de la democracia, gracias a la histórica decisión de la Corte Constitucional sobre el referendo, que señaló que esta no es tierra abonada para incertidumbres constitucionales.
Hay que votar, con alegría y esperanza en el futuro. A pesar de las múltiples amenazas, el dinero del narcotráfico y la intimidación de los violentos, este domingo Colombia enviará al mundo un fuerte mensaje: la democracia es nuestro mayor orgullo.







































